Mila y Nuno regresaron sanos y salvos a las Residencias Cielos de Estrellas.
El motor del Lamborghini se apagó, devolviendo el silencio al estacionamiento subterráneo. La luz amarillenta delineaba los perfiles elegantes de ambos.
—¿Puedes caminar? —Mila se desabrochó el cinturón y miró de reojo hacia el asiento del copiloto. Nuno estaba pálido como un papel. Su habitual aura imponente y arrogante se veía opacada por la debilidad, dándole un aspecto casi frágil.
—¿Por quién me tomas? —Nuno resopló, apoyándose en la puerta para levantarse.
Sin embargo, al primer movimiento, el dolor punzante en sus costillas le robó la fuerza de las piernas, y su enorme cuerpo volvió a caer sin control sobre el asiento.
—Basta, no te hagas el valiente —Mila suspiró. Rodeó el auto, abrió la puerta y, con la destreza de la experiencia, le pasó el brazo por encima de los hombros—. Eres de carne y hueso, no un ser sobrenatural.
Nuno aprovechó para descargar gran parte de su peso sobre ella. Al moverse, el aroma frío y distintivo de Mila le llenó los pulmones, camuflando un poco el olor metálico de su propia sangre.
Giró un poco la cabeza. Con los labios casi rozándole la oreja, habló con una voz ronca y cargada de descaro:
—Mila Quiroz, me lastimé por tu culpa. Vas a tener que hacerte responsable.
—¿Hacerme responsable?
Mila detuvo el paso por un segundo y lo miró con una sonrisa cínica.
—¿Qué pasa? ¿Acaso Don Nuno espera que le entregue mi cuerpo como pago? Lástima que legalmente ya somos marido y mujer. Ese trámite ya lo superamos.
Un brillo astuto cruzó los ojos de Nuno, como un zorro que acababa de salirse con la suya.
—Ya que somos esposos, entonces, como marido herido, no puedo bañarme por mi cuenta...
Mila se llevó una mano a la frente, incrédula ante el descaro del hombre.
—Lo estás haciendo a propósito, ¿verdad? Puedo llamar a tu asistente y pedirle que venga a ayudarte.
El rostro de Nuno se enfrió de golpe, y respondió con indignación:
—¿Qué? ¿No quieres hacerte cargo? Además, ¿de verdad crees que voy a dejar que mis subordinados me vean en un estado tan patético?
Mila levantó la mirada y chocó con esos ojos profundos.
De pronto se dio cuenta de que el Nuno que tenía enfrente, sin esa coraza de fiereza y poder, en ese instante tenía un toque de... berrinche infantil.
Ese pensamiento hizo que su corazón se acelerara sin razón.
—Eres insoportable —Mila apartó la mirada. Su tono seguía siendo frío, pero no dejó de ayudarlo a caminar—. Solo te advierto una cosa: si te lastimo, no quiero escucharte llorar.
Nuno curvó los labios, con una chispa de triunfo brillando en sus ojos.
...
De vuelta en el departamento.
Mila sentó a Nuno en el sofá, fue por un vaso de agua tibia y se lo entregó.
—Para la garganta —su voz era serena, pero delataba una innegable preocupación—. Voy a preparar el agua. En un momento vengo a limpiarte.
Nuno sostuvo el vaso entre las manos. El calor del cristal viajó desde sus dedos hasta su pecho. Al observar la silueta estilizada de la mujer yendo y viniendo entre la sala y el baño, sintió una calidez que no experimentaba hace años.

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