Antes de que Nuno pudiera responder, Mila continuó:
—Don Nuno, me imagino que últimamente el abuelo Pedro no ha dejado de presionarlo con el tema del matrimonio, ¿verdad?-
A Mila no parecía importarle en lo más mínimo el aura intimidante de Nuno, y caminó tranquilamente hacia una silla reclinable cercana.
—El abuelo Pedro es la persona que más respeta. Por fuera rechaza la idea de casarse, pero en el fondo le preocupa que su abuelo sufra algún disgusto y su salud empeore.
—¿Y qué con eso?
Nuno frunció el ceño. La forma en que miraba a Mila ahora tenía un tono más analítico.
Esta mujer, desde el primer momento, había mantenido una calma absoluta, como si tuviera toda la situación bajo control, mostrando la actitud imponente de una reina.
—Podemos hacer un matrimonio por contrato —dijo Mila con total naturalidad, mientras jugueteaba con sus lentes de sol—. Primero, esto calmará al abuelo Pedro y lo liberará de las quejas constantes. Segundo, también le quitará de encima a todas esas interesadas que están desesperadas por meterse en su cama.
—Ja, ¿de verdad crees que eso me importa? —Nuno rio con sorna, y el ambiente a su alrededor se volvió aún más gélido—. Señorita Quiroz, a usted le falta mucho si piensa que puede usarme.
—Por supuesto que no pretendo que El Verdugo de Valle Plateado acepte ser mi marido de fachada solo con eso —Mila soltó una carcajada ligera, cruzó sus largas piernas y le dirigió una mirada fugaz a Martín, quien seguía tirado en el suelo.
—Don Nuno, ¿qué le parece si hacemos una apuesta? —propuso Mila.
Nuno lo meditó por un instante.
—¿Qué quieres apostar?
Mila se levantó, sacó un palo de golf de la bolsa cercana con total indiferencia y dijo:
—El Proyecto Ciudad Horizonte de la empresa Páez estaba originalmente a cargo de Martín, pero como tiene las manos sucias, se robó cien millones de los fondos del proyecto.
—Ahora que Martín está fuera, necesitará un nuevo socio que se haga cargo.
Nuno frunció el ceño.
—¿Quieres el Proyecto Ciudad Horizonte?
Mila ya se había colocado frente a Martín y, completamente ajena a la mirada suplicante y aterrada del hombre, se preparó para golpear.
—Si hago un hoyo en uno, ¿me da el Proyecto Ciudad Horizonte?
Nuno se quedó un poco sorprendido. Creía que Mila apostaría a que él aceptara el matrimonio, jamás imaginó que pediría esto.
—Trato hecho.
—Como se esperaba de Don Nuno. Qué práctico.
Dicho esto, la mirada de Mila se endureció y soltó un violento golpe a la pelota.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada