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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 4

La familia Quiroz.

Como una de las familias más ricas, la mansión Quiroz era de las residencias más lujosas de todo Valle Plateado.-

La única que la superaba era la propiedad de la familia más poderosa de la ciudad: la mansión de la familia Páez.

En ese momento, Luna Quiroz llevaba puesto un elegante vestido blanco y su cabello estaba recogido en un peinado refinado que resaltaba su aura de niña rica.

Esteban y Blanca le arreglaban la ropa, mirándola con unos ojos que rebosaban de orgullo y adoración por su hija.

—Luna, en un rato llegará Don Nuno a pedir tu mano, así que tienes que lucirte. Si logramos emparentar con la familia Páez, nuestra posición subirá de nivel y nos consolidaremos en la cima de la élite —dijo Esteban con una gran sonrisa.

No sabía a qué santo le debían el milagro, pero Nuno, quien se había negado rotundamente al compromiso todo este tiempo, los había llamado de repente anunciando su visita para formalizar la boda. Esteban estaba eufórico.

—Cariño, no te preocupes. Luna es perfecta en belleza y educación, destaca entre todas las jóvenes de la alta sociedad. Me niego a creer que Nuno no quede cautivado por ella. —Blanca tenía una fe ciega en su hija.

—Papá, mamá, daré lo mejor de mí —dijo Luna con una dulce sonrisa y los ojos llenos de ilusión.

El compromiso entre ambas familias llevaba años pactado, pero Nuno siempre lo había rechazado, dejándolo estancado.

Y ahora que venía de repente, ¿acaso había visto lo hermosa que era y por fin se había animado?

Sí, seguro era eso.

Ella, Luna Quiroz, era inigualable.

—¡Señor!

Un empleado de la casa llegó corriendo a toda prisa.

—¿Ya llegó la gente de la familia Páez? —preguntó Esteban emocionado, con los ojos brillando.

—¡No! —El empleado negó con la cabeza, pálido como un papel—. Es... es...

—¿Es qué? ¡Habla de una buena vez! —exigió Esteban, frunciendo el ceño.

—Es la señorita mayor... Ha vuelto.

—¿La señorita mayor?

Esteban parpadeó confundido y luego resopló con desdén.

—¡Qué estupidez! Luna está aquí con nosotros, ¿no la ves?

—No, me refiero a... Mila Quiroz...

Al escuchar ese nombre, tanto Esteban como Blanca y Luna se quedaron congelados.

—¿Mila?

Esteban arrugó la frente. De pronto, cayó en cuenta y soltó una risa amarga.

—Ya me acordé. Creo que hoy salía de prisión.

—Esa inútil, ¿por qué no se pudrió en la cárcel? —soltó Blanca, perdiendo los estribos—. Ni antes ni después, ¡justo hoy se le ocurre venir! ¿Acaso quiere arruinarle el compromiso a Luna?

Esteban, compartiendo el mismo temor, ordenó de inmediato:

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