La familia Quiroz.
Como una de las familias más ricas, la mansión Quiroz era de las residencias más lujosas de todo Valle Plateado.-
La única que la superaba era la propiedad de la familia más poderosa de la ciudad: la mansión de la familia Páez.
En ese momento, Luna Quiroz llevaba puesto un elegante vestido blanco y su cabello estaba recogido en un peinado refinado que resaltaba su aura de niña rica.
Esteban y Blanca le arreglaban la ropa, mirándola con unos ojos que rebosaban de orgullo y adoración por su hija.
—Luna, en un rato llegará Don Nuno a pedir tu mano, así que tienes que lucirte. Si logramos emparentar con la familia Páez, nuestra posición subirá de nivel y nos consolidaremos en la cima de la élite —dijo Esteban con una gran sonrisa.
No sabía a qué santo le debían el milagro, pero Nuno, quien se había negado rotundamente al compromiso todo este tiempo, los había llamado de repente anunciando su visita para formalizar la boda. Esteban estaba eufórico.
—Cariño, no te preocupes. Luna es perfecta en belleza y educación, destaca entre todas las jóvenes de la alta sociedad. Me niego a creer que Nuno no quede cautivado por ella. —Blanca tenía una fe ciega en su hija.
—Papá, mamá, daré lo mejor de mí —dijo Luna con una dulce sonrisa y los ojos llenos de ilusión.
El compromiso entre ambas familias llevaba años pactado, pero Nuno siempre lo había rechazado, dejándolo estancado.
Y ahora que venía de repente, ¿acaso había visto lo hermosa que era y por fin se había animado?
Sí, seguro era eso.
Ella, Luna Quiroz, era inigualable.
—¡Señor!
Un empleado de la casa llegó corriendo a toda prisa.
—¿Ya llegó la gente de la familia Páez? —preguntó Esteban emocionado, con los ojos brillando.
—¡No! —El empleado negó con la cabeza, pálido como un papel—. Es... es...
—¿Es qué? ¡Habla de una buena vez! —exigió Esteban, frunciendo el ceño.
—Es la señorita mayor... Ha vuelto.
—¿La señorita mayor?
Esteban parpadeó confundido y luego resopló con desdén.
—¡Qué estupidez! Luna está aquí con nosotros, ¿no la ves?
—No, me refiero a... Mila Quiroz...
Al escuchar ese nombre, tanto Esteban como Blanca y Luna se quedaron congelados.
—¿Mila?
Esteban arrugó la frente. De pronto, cayó en cuenta y soltó una risa amarga.
—Ya me acordé. Creo que hoy salía de prisión.
—Esa inútil, ¿por qué no se pudrió en la cárcel? —soltó Blanca, perdiendo los estribos—. Ni antes ni después, ¡justo hoy se le ocurre venir! ¿Acaso quiere arruinarle el compromiso a Luna?
Esteban, compartiendo el mismo temor, ordenó de inmediato:
—Esa bofetada es por lo que me hiciste hace cuatro años.
En aquel entonces, Mila le rogó a Luna que se entregara a la policía, pero la muy desgraciada le respondió con una cachetada.
Luego se hizo la víctima, llorando y diciendo que no fue su intención, que solo la golpeó porque estaba muerta de miedo.
Y lo más patético fue que Esteban y Blanca le creyeron.
—¡Mila, te volviste loca! —bramó Blanca, lanzándose hacia ella para regresarle el golpe.
Mila ni siquiera se inmutó; simplemente levantó la mano y le atrapó la muñeca en el aire.
—Mi querida madre. Sigues siendo la misma de hace cuatro años: defendiendo ciegamente a esta impostora y levantándome la mano a mí.
—¡Mila, Luna no ha dejado de pensar en ti estos cuatro años! Al verte salir libre, solo quería saludarte, ¡¿qué derecho tienes a golpearla?! —le espetó Blanca, temblando de rabia.
—¿Qué derecho?
Mila soltó una carcajada burlona.
—El derecho que me da ser la verdadera hija de los Quiroz. Mientras que ella... —Sus ojos, afilados como cuchillas, se clavaron en Luna— ¡no es más que una intrusa usurpando mi lugar!
—Mila, ya que tienes tan claro que eres la hija de la familia Quiroz, también deberías tener claro quién manda en esta casa —intervino Esteban con voz autoritaria—. Ahora mismo, suelta a tu madre.
—Padre, tú eres el jefe de la familia, por supuesto que tú mandas —respondió Mila con una expresión impasible—. Pero dime, ¿estás seguro de querer irte en contra de tu propia sangre por defender a una impostora?
—¿O prefieres que vaya ahora mismo a la casa principal a explicarle al abuelo cómo me mandaron a la cárcel, siendo de su propia sangre, solo para salvar a esta farsa de hija?

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