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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 55

—Luna Quiroz, ¿sabes qué les pasa en prisión a las mosquitas muertas como tú?

Sus ojos parecían los de una víbora a punto de atacar y su voz era tan fría como un invierno en la sierra.

—Les rompen la boca y las tiran a la letrina... Si sigues con tus teatros frente a mí, no tengo ningún problema en darte una prueba gratis de la experiencia.

Al escuchar eso, Luna empezó a temblar incontrolablemente.

¡Esa mujer no era la misma de hace cuatro años!

¡Ahora era un auténtico demonio!

Al ver que el rostro de Luna estaba blanco del terror, Mila chasqueó la lengua y la soltó bruscamente, dejándola caer al suelo.

—Antonio, consigue otro chofer.

Antonio vaciló por un segundo. Eso significaba tomar al chofer personal del anciano.

Pero no dudó mucho e hizo una reverencia antes de irse.

Poco después, Hugo llegó con el auto y, con sumo respeto, le abrió la puerta a Mila.

Ella sonrió levemente y se subió.

Mientras el auto se alejaba, Luna clavó en él una mirada cargada de veneno. El odio en su interior era como una ola gigante a punto de estallar.

—Luna, ¿qué pasó? —Esteban salió de la mansión y, al ver a su hija adoptiva tirada en el suelo, corrió a ayudarla a levantarse.

—¡Papá, perdón! —las lágrimas brotaron del rostro de Luna de inmediato—. Es mi culpa, volví a hacer que mi hermana se enojara. Como sabía que Saúl es mi chofer personal, de pura rabia lo despidió.

—¡¿Qué?! —los ojos de Esteban se abrieron de furia—. ¡Qué descarada! ¡Cree que porque tiene el apoyo del abuelo puede hacer lo que se le dé la gana!

—Papá, a lo mejor no debería seguir viviendo aquí —Luna se abrazó a él, llorando a cántaros—. Si me voy, a lo mejor mi hermana se calma y la familia puede vivir en paz.

—¡Luna, no llores! —Esteban le acarició la espalda para consolarla—. Esa malagradecida no durará mucho. Ahorita se siente invencible porque el abuelo la protege y porque cree que se casará con Don Nuno.

—Pero cuando empiece en la Corporación Quiroz y se dé cuenta de que es una inútil, será el hazmerreír de todos.

Luna entrecerró los ojos y un destello de malicia cruzó su rostro.

—Pero... el cinco por ciento de las acciones que me diste...

—Hmph, no se las va a llevar.

Al escuchar eso, Luna respiró con alivio.

Ese porcentaje valía miles de millones. ¡¿Cómo diablos iba a dejar que una pueblerina exconvicta se quedara con todo ese dinero?!

—¡Antonio! —gritó Esteban.

—Señor, ¿en qué le puedo servir? —Antonio hizo una leve reverencia.

—Ve y dile a Hugo que venga; Luna y yo nos iremos a la oficina en su auto.

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