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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 9

—¡Maldición! ¡Ese Nuno Páez de verdad venía por Mila!

Al ver desaparecer ambas figuras por el pasillo hacia el jardín trasero, Esteban apretó los dientes con tanta furia que casi se los rompe.

¡Con razón esa malagradecida, recién salida de prisión, actuaba con tanta prepotencia! ¡Se había agarrado del único salvavidas capaz de aplastar a los Quiroz!

Pero, por más que le daba vueltas, no lograba entenderlo. ¿Cómo demonios un desperdicio social recién salido del infierno logró captar la atención de El Verdugo?

—Papá... ¿Qué hacemos? —La voz de Luna temblaba, y sus uñas se clavaban en las palmas de sus manos—. Yo... ya les había dicho a mis amigas que Don Nuno venía a comprometerse conmigo. Ahora todas creen que soy su futura esposa... y resulta que...

Casi podía escuchar las risas despiadadas y los comentarios venenosos de las niñas ricas de la ciudad.

—Si se enteran de que la prometida es Mila... ¡Nunca podré volver a dar la cara!

—¡Luna, no te desesperes! —Blanca intentó consolar a su hija, aunque su propia mente era un caos, y miró suplicante a su marido—. ¡Cariño! ¡No podemos dejar que esa ingrata se salga con la suya!

—¡Cállense las dos, déjenme pensar! —gruñó Esteban, caminando como león enjaulado sobre la costosa alfombra de la sala. Sus ojos maquiavélicos se movían a toda velocidad hasta que una idea arriesgada cruzó por su cabeza.

—¡Aún queda una opción! —Se detuvo de golpe, con una expresión de absoluta determinación—. ¡Iremos a ver a Don Pedro Páez!

Blanca y Luna levantaron la mirada al mismo tiempo, y un rayo de esperanza iluminó sus ojos.

—Por muy arrogante que sea Nuno, dudo mucho que se atreva a desobedecer a su propio abuelo —Esteban sonrió con malicia—. ¡Una criminal convicta, con una reputación destruida, no es digna de cruzar la puerta de la familia Páez! Si el viejo da la orden, no importa lo terco que sea Nuno, ¡tendrá que acatarla!

Al escuchar eso, los nervios de Luna se relajaron. Sus ojos, cargados de un odio puro, se clavaron en dirección al jardín trasero.

*Mila, ¿de verdad crees que tú, una rata de alcantarilla, puedes tocar a Don Nuno? ¡Sigue soñando! ¡En tu perra vida lograrás entrar a la familia Páez!*

Mientras tanto, en el quiosco del jardín trasero de la casa.

Mila estaba sentada tranquilamente frente a la mesa de piedra, jugueteando con las hojas de una maceta.

—Don Nuno —levantó la mirada para encontrarse con ese rostro imponente, enmarcado a contraluz—, en el Penal 01, cualquiera que me mirara de esa manera terminaba con uno de dos posibles destinos: ciego o muerto.

Mila alzó ligeramente la barbilla. Sus ojos no mostraron ni una pizca de miedo mientras sentía los ásperos nudillos de Nuno presionando su cuello. Abrió sus labios pintados de rojo y dijo:

—Hace unos años, tú y tu madre sufrieron un trágico accidente automovilístico. Presenciar la muerte del ser que más amabas te destrozó.

—La versión oficial fue que se trató de un accidente. Pero tú nunca te lo creíste. Llevas años investigando sin descanso, y sin embargo, nunca encontraste al verdadero culpable que huyó de la escena. ¿Me equivoco?

Hizo una breve pausa y desafió la mirada asesina de Nuno.

—¿Ya me vas a soltar, Don Nuno?

Nuno frunció el ceño. Tras un tenso silencio, la soltó.

Mila se frotó el cuello con delicadeza y fue directo al grano:

—La razón por la que no lograste encontrar a esa persona es simple: estaba encerrada en el Penal 01.

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