Capítulo 181 Julieta se quedó en Río Dorado durante tres días.
Ese día recibió una noticia: Grupo Central había conseguido el proyecto de la Ciudad Financiera de Río Dorado, y había sido Héctor quien se encargó personalmente de las negociaciones.
Como siempre, cuando él intervenía, no había proyecto que no pudiera cerrar.
Parecía que su verdadera razón para venir a Río Dorado no había sido adquirir BioNova Salud.
Por el lado de la filial, los asuntos internos avanzaban con mucha fluidez.
Tras el proceso de evaluación y revisión, Julieta promovió a tres jóvenes talentosos y capaces.
La empresa también necesitaba sangre nueva, gente con energía y ganas de trabajar.
A partir de entonces, la filial quedaría bajo la supervisión directa de Julieta, mientras Claudia se quedaría allí para encargarse de la gestión diaria.
Sergio, cuando no tenía nada que hacer, se la pasaba en la oficina de Julieta, paseándose por todos lados y provocando que más de una empleada perdiera la compostura.
Julieta terminó por echarlo directamente de la oficina y lo mandó de vuelta al hotel.
Cinco días después, Julieta fue al hospital para que le retiraran los puntos.
La cicatriz de su frente solo podría eliminarse mediante tratamientos de medicina estética, así que decidió ir a una peluquería y cortarse un flequillo recto para cubrirla por el momento.
Sergio la acompañó a la peluquería y, de paso, también se arregló el cabello.
La observó con atención mientras ella acomodaba su flequillo.
—¿Por qué me miras así? ¿Se ve muy raro? — preguntó Julieta, acomodándose el flequillo.
Solo había llevado ese estilo cuando estudiaba, así que ahora se sentía un poco incómoda.
Sergio sonrió:
—También te queda bien el flequillo. Solo que me recuerda a cuando lo llevabas en la preparatoria.
El rostro delicado y ovalado de Julieta, con ese flequillo recto, la hacía parecer aún más joven, casi como una universitaria.
Julieta arqueó ligeramente una ceja y curvó los labios.
—Entonces tú también pareces más joven ahora.
Sergio soltó una risa entre dientes.
—¿O sea que antes de cortarme el cabello parecía un señor?
Julieta se encogió de hombros y siguió caminando hacia adelante.
Sergio, poco convencido, se apresuró a alcanzarla para exigirle una explicación.
Al mismo tiempo, dentro de un Rolls—Royce que avanzaba lentamente por la calle del otro lado, un par de ojos oscuros observaban a los dos mientras bromeaban y se perseguían.
—Está bien, no seas tan tacaño. Yo invito la comida.
¿Qué quieres comer?
Sergio resopló.
—Así ya suena mejor.

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