Héctor le sostuvo la mirada.
—Simplemente no me gusta pensar en situaciones hipotéticas.
Jairo soltó una risa fría y apartó la vista.
—Voy a investigar este asunto a fondo —continuó Héctor—. Algo así no volverá a ocurrir. No necesitas preocuparte por ella. Ocúpate de lo que tengas que hacer.
***
Héctor regresó a la habitación.
Julieta ya había terminado de comer y una empleada la ayudaba a salir del baño.
Él se acercó, se inclinó para cargarla y la llevó hasta la cama.
Después la recostó y la cubrió con las cobijas.
—Descansa bien.
La empleada recogió todo y salió de la habitación.
Héctor bajó la intensidad de las luces y se sentó en el sofá a trabajar en la computadora.
La habitación quedó sumida en el silencio.
***
A la mañana siguiente, Jimena, Mauricio y los demás llegaron temprano al hospital.
El médico estaba revisando a Julieta.
Afuera de la habitación, Héctor les advirtió:
—Ahora necesita tranquilidad. Procuren no hacer demasiado ruido.
La expresión de Mauricio cambió.
Jimena tampoco se sintió cómoda al escuchar su tono.
—Sé cómo cuidar a Julieta.
—Más vale.
Cuando terminó la revisión, el médico salió y se dirigió respetuosamente a Héctor:
—Hoy se encuentra mucho mejor que ayer.
Héctor asintió.
Jimena, Mauricio y Rafael entraron en la habitación.
Al ver que Julieta estaba fuera de peligro, los tres se sintieron aliviados.
Héctor fue a visitar a Sergio.
Una enfermera le estaba cambiando las curaciones de la espalda.
Una amplia zona de su piel había sufrido quemaduras.
Por fortuna, logró alejarse a tiempo y las lesiones no fueron más graves, aunque seguramente tardaría en recuperarse.
Cuando terminó de aplicarle el medicamento, la enfermera saludó a Héctor con un gesto respetuoso y salió empujando el carrito de curaciones.

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