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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 258

Capítulo 258 Paula llamó para preguntarle a Sofía si estaba en casa, porque quería ir a verla.

Sofía miró a Julieta.

—¿Podemos regresar primero?

Julieta no se opuso.

—¿Invitamos también a Camila?

—¡Sí!

Julieta llamó a Irene.

Después de comer postre, salió con Sofía del centro comercial.

Raúl las llevó de regreso a Costa Dorada.

Jazmín ya estaba ahí con Paula, esperándolas.

Al verse, se saludaron cordialmente.

Jazmín escuchó que Sofía llamaba "Bianca" a Julieta.

Por un momento pensó que madre e hija ya se habían reconocido, pero al parecer no era así.

Aunque le resultó extraño, no preguntó nada y fingió no saber.

Unos minutos después, Irene llegó con Camila.

Julieta las presentó.

Al saber que Irene era la hermana de Carlos, Jazmín dejó de sentirse distante y pronto comenzaron a conversar con naturalidad.

Paula llevó a las niñas a jugar.

Mientras tanto, Julieta, Jazmín e Irene se sentaron en el jardín trasero, disfrutando del paisaje y platicando.

La tarde se pasó volando.

Julieta e Irene debían regresar a Cumbres del Valle.

Efraín Ilegó personalmente por Jazmín.

Saludó a Julieta, se despidieron, y se llevó a su esposa e hija.

Irene los observó y suspiró con cierta envidia.

—Se nota que se quieren mucho... Ese Efraín sí es todo un hombre.

Julieta sonrió ligeramente.

—Rafael también lo es.

Irene reaccionó de inmediato y soltó una risa traviesa.

A su lado, Adriana llevaba un vestido del mismo tono, tomada de su brazo con naturalidad.

Mientras conversaban con otros, su actitud dejaba claro su lugar junto a él.

Una pareja que llamaba la atención.

En ese momento, la mirada de Héctor se cruzó con la de Julieta a través de la multitud.

Sus ojos oscuros eran profundos, imposibles de descifrar.

Julieta apartó la mirada con indiferencia, como si se tratara de un completo desconocido.

—Julieta, vamos a sentarnos.

Ese día, ella también llevaba un vestido azul.

La espalda, adornada con una cadena de diamantes, resaltaba la elegancia de su figura.

Bajo la luz, los diamantes brillaban y su piel parecía de porcelana.

Su presencia atrajo múltiples miradas.

Adriana, con su vestido del mismo color, provocó inevitablemente comparaciones.

Por sí sola, su apariencia era deslumbrante.

Pero al lado de Julieta... ya no resultaba tan única.

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