Capítulo 276 Julieta dio algunas indicaciones a su asistente y luego bajó en elevador junto con Sergio.
—¿Hubo algún problema con el divorcio? — preguntó Sergio, que había escuchado lo que dijo Carlos.
—Solo lo sabré cuanda lleguemos —respondió Julieta.
En el fondo, una inquietud le oprimía el pecho.
Media hora después, Sergio se estacionó frente al despacho de Alfonso.
Bajaron del carro y entraron al edificio hasta llegar a la oficina.
—Hola, Carlos, Alfonso.
Carlos miró a Sergio; ambos asintieron ligeramentea modo de saludo.
—Siéntate —dijo Carlos.
Julieta se acercó y tomó asiento en el sofá.
—¿Qué pasó?
Carlos le extendió unos documentos.
—Primero revisa esto.
Julieta los tomó y comenzó a leer con atención.
Era la estructura accionaria de inversiones Sierra Dorada.
Carlos explicó:
—La empresa que adquirió Inversiones Sierra Dorada, Patrimonio Integral Solaris... tiene como representante legal a Héctor.
Julieta abrió los ojos con incredulidad.
—¿Qué?
Héctor... ¿qué estaba haciendo?
Eso significaba que ahora él era el mayor accionista de Aurora Belleza.
Carlos añadió:
—Por eso, el proceso de divorcio ya no será tan sencillo.
Julieta apretó los documentos con fuerza. Su expresión se tornó cada vez más sombría.
Alfonso intervino:
—Ahora esto implica la distribución de bienes entre ustedes. Si Héctor presenta reclamaciones, el proceso puede alargarse mucho. Por ahora no ha presentado nada ante el tribunal, pero mañana seguramente habrá novedades.
Sergio, con el rostro serio, comentó:
—No creo que haya sido una decisión de último momento.
Carlos asintió.
Julieta asintió con debilidad.
Subió al carro de Sergio, pero no pidió ir a Lomas de la Sierra.
—Llévame a Costa Dorada.
Sergio la miró.
—¿Vas a hablar con Héctor?
Julieta asintió. Aunque no llegaran a nada, necesitaba desahogarse.
Al verla tan decidida, Sergio no insistió y la llevó.
Durante el trayecto, el viento le dio en el rostro y logró calmarse un pосо.
—Sergio, estoy bien. Vete tranquilo.
Sergio aún se mostraba preocupado.
—Está bien... pero si pasa algo, llámame.
Julieta esbozó una leve sonrisa.
—Lo sé. No te preocupes.
Introdujo la contraseña y entró a la villa.

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