Capítulo 304 -Con esa actitud tuya, me haces dudar de si realmente tienes la capacidad para seguir al frente de Aurora Belleza, Julieta frunció el ceño. Respiró hondo.
-Si quieres hacer algo, dilo de frente. No hace falta que pongas en duda mi capacidad de esa manera.
Héctor la miró con sus ojos oscuros y profundos.
Extendió la mano y le lanzó un documento frente a ella.
-Fírmalo.
Julieta tomó el documento y lo revisó. Al ver el contenido, se sorprendió.
Era un contrato de ampliación de inversión.
Pero al leerlo con atención, notó que incluía condiciones: la ernpresa debía alcanzar ciertos niveles de rentabilidad.
Alzó la mirada hacia Héctor.
-¿Qué significa esto?
-¿No sabes leer?
El ambiente entre ambos estaba muy lejos de parecer una negociación.
En cualquier otra empresa, una inversión de ese tamaño sería motivo de celebración, No era algo que se consiguiera fácilmente.
Pero viniendo de Héctor... Julieta no lograba entender qué pretendía realmente.
Dejó el contrato sobre la mesa y lo encaró.
-Si no explicas claramente el motivo, me niego a firmar.
Julieta pensó que Héctor volvería a sermonearla, pero no.
-Ya que te gusta tanto trabajar, entonces hazło bien.
Las pupilas de Julieta temblaron.
La empresa estaba en una etapa estable; no había demasiados asuntos que requirieran su intervención directa.
Pero si aceptaba esa inversión, la carga de trabajo aumentaría de inmediato.
¿lba a gastar una suma tan grande solo para hacerle la vida imposible?
-Lo siento, pero con ese motivo no firmo. Si quieres, retira tu inversión.
-¿Tan segura estás? ¿Vas a dejar que Carlos se encargue de todo?
El rostro de Julieta se ensombreció al instante.
Sentía la cabeza pesada, el cuerpo agotado; incluso le costaba respirar con normalidad.
Héctor le había dado tres días para pensarlo.
Y con su forma de actuar, si decía que iba a intervenir en Aurora Belleza, lo haría sin dudar.
Pedro, al verla así, preguntó preocupado:
-¿Te sientes mal? ¿Quieres que vayamos al hospital?
Julieta no respondió de inmediato.
Pasó un buen rato antes de decir:
-Estoy bien. Vámonos.
Pedro insistió:
-De verdad deberías revisarte. Te ves muy mal. Si te pasa algo, sería peor.
Al final, Pedro la llevó al hospital.
El médico le recetó un sedante para relajar los nervios.

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