Capítulo 400 Leonardo se acercó al grupo.
Cuando su mirada pasó por Adriana, ella se tensó de inmediato.
Creía que ya no existía ningún hombre capaz de sorprenderla... pero él lo había logrado.
Sin embargo, Leonardo la ignoró por completo.
Se dirigió al mostrador, tomó el collar y caminó hasta detenerse frente a Julieta.
—¿Te gusta? Te lo regalo.
Al oírlo, Adriana se quedó helada.
"¿La conocía? ¿Le interesaba?" Apretó los dedos con fuerza.
¿Esa mujer... solo por esa cara operada?
Julieta lo miró con frialdad y se dispuso a irse.
Cuando Leonardo intentó sujetarla del brazo, Sergio, que no le quitaba la vista de encima, reaccionó de inmediato y apartó su mano.
—No la toques.
Un leve dolor recorrió el brazo de Leonardo.
La comisura de sus labios se curvó en una sonrisa oscura.
—¿Por qué tan alterado? Solo quería darle un regalo a Bianca.
—Vámonos, Sergio —dijo Julieta.
Apenas dieron unos pasos hacia la salida, los guardaespaldas de Leonardo les bloquearon el paso.
Ambos se detuvieron.
Sergio giró el cuerpo y miró a Leonardo con frialdad.
—¿Qué significa esto?
Leonardo caminó con calma hasta el sofá y se sentó.
Apoyó los brazos sobre el respaldo, dejando ver el pecho firme bajo la camisa abierta en varios botones.
Su mirada era afilada. Su actitud, arrogante hasta el extremo.
La mujer a su lado se acomodó contra él con naturalidad.
—No todos los días tengo la oportunidad de ver a Bianca... mínimo hay que platicar un rato.
Adriana observaba desde un lado.
Era como si ya no existiera.
Clavó la mirada en Julieta con rencor.
Pero lo entendió enseguida: ese hombre tenía cuentas pendientes con ella.
Y, de alguna forma, eso la hizo sentir mejor.
—Que la señorita Bianca se acerque a sentarse — ordenó Leonardo.
A esas alturas, ya quedaban pocos clientes en la tienda.

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