Capítulo 411 Adriana se quedó de pie, sin moverse.
No podía dejar de pensar en el brazalete.
Héctor aún no se lo había dado; probablemente porque todavía no la perdonaba del todo.
Desde que Sofía apareció en su vida, ya no la consentía como antes, sin límites.
Ahora, incluso por no tomarse en serio el trabajo, ya la estaba reprendiendo.
Héctor la miró.
-¿Tienes algo más que decir?
Adriana apretó los dedos con disimulo.
Al final, no preguntó nada.
Seguramente tendría que esperar a que se le pasara el enojo para que se lo diera.
No podía arriesgarse a hacerlo enfadar más.
-Entonces... regreso a trabajar.
Héctor asintió.
Adriana salió de la oficina.
Apenas cruzó la puerta, recibió una llamada de Guadalupе.
Se apartó a un lugar tranquilo.
-¿Bueno, mamá?
-¿Ya viste a Héctor?
-Sí... -respondió con un dejo de tristeza.
Guadalupe notó enseguida el cambio en su tono.
-¿Qué pasó? ¿Sigue molesto contigo?
Adriana le explicó lo ocurrido y añadió: -Pero me compró un brazalete... supongo que sigue enojado porque no he estado trabajando bien, por eso no me lo dio.
-¿Estás segura de que es para ti? -preguntó Guadalupe.
-Vi el brazalete... es púrpura. Me queda perfecto.
¿Para quién más podría ser?
Ese tipo de pieza no era para una mujer mayor.
-Si de verdad es para ti, mejor -dijo Guadalupe -. Eso significa que aún le importas. Pero ahora tiene a Sofía. No puedes seguir siendo caprichosa.
Tienes que saber medir tus actos. La paciencia de un hombre es limitada. No la agotes.
Adriana guardó silencio.
Aunque le costaba aceptarlo, sabía que su madre tenía razón.
Guadalupe colgó después de darle esas indicaciones.
Adriana se quedó pensativa, con el celular en la mano.
Héctor no era un hombre común.

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