Capítulo 624
Emanuel estaba de pie en la puerta.
Al ver su rostro sombrío, alzó una ceja y bromeó:
—¿Tan rápido?
Miró hacia el interior de la habitación y alcanzó a escuchar vagamente los sollozos de Brenda.
—¿Qué le hiciste a Brenda para hacerla llorar?
¿No tienes corazón?
Héctor no le hizo caso y se marchó a grandes pasos.
Emanuel observó cómo se alejaba.
Después entró en la habitación y vio a Brenda tendida de lado en el suelo, casi desnuda.
Ella lloraba con una expresión tan dolida y vulnerable que resultaba imposible no compadecerla.
Él se agachó, se quitó el saco y se lo puso encima.
Brenda levantó la cabeza para mirarlo, con los
ojos llenos de lágrimas.
Emanuel le levantó la barbilla y dijo:
—Héctor sí que se hace el decente. ¿Quieres probar conmigo?
Brenda giró el rostro hacia un lado.
Emanuel tampoco la presionó.
—Si tanto te gusta, ¿quieres que te ayude?
Brenda se sobresaltó. Abrió mucho los ojos y lo miró fijamente.
***
Diez minutos después, Héctor tomó un avión privado de regreso a la isla.
Cuando llegó a la hacienda, ya eran las nueve y media de la noche.
Julieta acababa de arrullar a Sofía hasta que se quedó dormida y acababa de salir del baño después de ducharse.
De pronto, la puerta de la habitación se abrió.
Ella se sobresaltó y, al voltear, vio a Héctor parado en la entrada.
¿No se suponía que iba a volver más tarde?
Además, su estado era evidentemente extraño.
La mirada de Héctor se clavó en ella.
Julieta llevaba una pijama de seda conservadora, pero la tela dejaba entrever sutilmente las curvas de su cuerpo.
Sus ojos se volvieron cada vez más profundos.
Julieta sintió aquella mirada demasiado ardiente y peligrosa sobre su cuerpo.
Entonces lo vio avanzar hacia ella a grandes pasos.
—Héctor, tú... ¡mm!

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