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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 642

Capítulo 642

Carlos dijo:

—Jairo definitivamente no quiere que Adriana se case con Leonardo. Pero ese es un asunto de la familia Quintana. Mientras no afecte nuestros intereses, no vamos a intervenir.

En cuanto a Leonardo...

Los ojos detrás de sus lentes se oscurecieron de inmediato.

Que hubiera regresado era justo lo que necesitaba.

Julieta soltó un largo suspiro.

—Leonardo definitivamente no trae buenas intenciones.

Adriana probablemente tampoco quería estar realmente con Leonardo.

Lo más seguro era que solo intentara provocar a alguien.

Y, desde luego, lo había conseguido.

Carlos dijo:

—Cuando acabemos con lo de aquí, regresa primero a Monteluz.

Julieta entendió lo que quería decir.

Carlos planeaba quedarse para vigilar los movimientos de la familia Quintana y de Leonardo.

Ella asintió.

—Está bien. Pero tú también ten cuidado.

Carlos sonrió.

—No te preocupes. No me pasará nada. Tú concéntrate en tu trabajo. Lo demás no es asunto tuyo.

—Lo sé.

***

Cuando terminaron el trabajo y regresaron a la empresa, ya eran las ocho de la noche.

Después fueron a cenar a un restaurante cercano.

Justo al entrar, se encontraron con Jairo y Héctor, que bajaban del segundo piso.

Naturalmente, ellos también vieron a Carlos y a Julieta.

La mirada de Héctor cayó sobre Julieta.

Ella apartó los ojos con indiferencia casi de inmediato.

En ese momento, un empleado se acercó para recibirlos, y Carlos y Julieta siguieron al personal hacia el interior.

Jairo retiró la mirada de ambos y miró a Héctor.

Guardó silencio mientras bajaba los escalones y salía del restaurante.

Subieron al carro y el vehículo se alejó lentamente.

Jairo preguntó:

Al menos en lo que respectaba a manipular las emociones humanas.

Las mujeres tendían a dejarse llevar más por los sentimientos que por la razón.

Y en el caso de Julieta, Sofía era precisamente su punto más vulnerable.

Héctor había comprendido eso a la perfección.

Cuanto más disfrutara Sofía del cariño de ambos padres, más se vería influida Julieta por aquella sensación de calidez familiar.

Ella quería darle felicidad a Sofía.  Pero la realidad era que entre ella y Héctor no existía amor.

Cada vez que recuperaba la lucidez, la razón la obligaba a enfrentarse a esa verdad, y eso solo terminaba aumentando la presión que cargaba sobre sus hombros.  Julieta respondió con tono indiferente:

—Sí. Me buscó una vez.

Estaba a punto de probar la comida de su plato cuando recordó lo ocurrido aquel día.

De repente, una sensación de náusea le revolvió el estómago y perdió por completo el apetito.

Simplemente dejó los cubiertos.

Tomó el vaso de jugo que tenía al lado y bebió un trago.

Los ojos profundos de Carlos observaron cada uno de sus movimientos.

Ella aparentaba tranquilidad e indiferencia, pero él pudo darse cuenta de inmediato de que ocultaba algo.

Entonces insistió:

—¿Qué pasó?

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