Una hora después, una empleada tocó la puerta.
Héctor se levantó y salió.
—Señor Héctor, la señora Julieta ya se calmó.
Héctor fue a la habitación de al lado.
Julieta estaba acostada en la cama, completamente en silencio.
Respiraba con regularidad y ya se había quedado dormida.
El doctor dijo:
—Por ahora logramos controlar su estado con medicamentos. Por cómo se encuentra, tendrá que seguir tomándolos durante un tiempo. Sin embargo, para que se recupere por completo, necesitará terapia psicológica a largo plazo. También debemos averiguar qué provocó esta recaída.
***
Al día siguiente, cuando Julieta despertó, sintió algo cálido entre sus brazos.
Sin pensarlo, abrazó con más fuerza a Sofía.
Entonces escuchó una vocecita suave:
—Mamá.
Julieta abrió los ojos poco a poco.
Lo primero que vio fue el rostro bonito y tranquilo de Sofía.
Sofía bostezó.
—Buenos días, mamá.
Julieta inclinó la cabeza y le dio un beso en la frente.
—Buenos días, mi amor.
Sofía enseguida le dio un beso en la mejilla.
Madre e hija se quedaron abrazadas un rato en la cama.
Julieta tenía la mente despejada, pero se sentía sumamente cansada y sin fuerzas.
Además, tenía un dolor sordo en el cuero cabelludo.
En ese momento, la puerta se abrió y Héctor entró.
Sofía se incorporó, se puso de pie sobre la cama y extendió los brazos hacia él.
—Papá.
Héctor se acercó, la cargó y le dio un beso en la frente.
Al ver la gasa que llevaba en el cuello, Sofía preguntó con preocupación:
—¿Te lastimaste aquí?
Héctor le acarició la cabeza.
—No es nada.
Después miró a Julieta, que ya se había sentado en la cama.
Se veía pálida y débil.
Dejó a Sofía en el suelo y le preguntó:
—¿Te sientes mal? ¿Te duele algo?
Julieta levantó la mirada hacia él y reparó en la gasa de su cuello.

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