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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 781

Jairo se marchó.

Poco después de que Julieta y los demás tomaran el vuelo de regreso a Monteluz, Héctor también dejó la hacienda con Sofía.

Tras doce horas de viaje, llegaron a Monteluz ya entrada la noche.

En cuanto volvieron a casa, Jimena se ocupó de que Julieta se tomara sus medicamentos y luego la mandó a descansar.

Julieta despertó dos veces durante la madrugada y no se levantó hasta el mediodía del día siguiente.

Mientras Jimena tendía la cama, descubrió las huellas de lágrimas en la almohada.

Era evidente que Julieta tampoco había dormido bien esa noche, y la preocupación volvió a invadirla.

En cuanto Mauricio la vio, sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

No había pasado tanto tiempo y Julieta ya había adelgazado muchísimo.

Sus ojos tampoco conservaban el brillo de antes.

—Papá —lo llamó Julieta.

Mauricio contuvo sus emociones, asintió y la abrazó con cuidado mientras le daba unas suaves palmadas en el hombro.

—Lo importante es que ya regresaste. Quédate en casa y recupérate con calma. Pase lo que pase, siempre vamos a estar contigo.

Julieta asintió.

Al separarse de él, lo miró y preguntó:

—¿Te has sentido mal últimamente?

En realidad, Mauricio apenas había salido del hospital el día anterior.

Después de dejarlo instalado en casa, Jimena había partido con Rafael rumbo a San Aurelio.

Mauricio le restó importancia.

—Es el mismo problema de siempre. Ya fui al hospital a que me revisaran y no es nada grave. No te preocupes por mí. Ahora tienes que cuidarte tú y dejar de darme motivos para preocuparme.

Julieta sonrió y asintió.

Luego bajó a la sala.

Sergio y Rafael estaban ahí.

Julieta se acercó y tomó asiento en el sofá.

—Sergio, ¿hoy no trabajas?

Él respondió con tono divertido:

—Hasta los empleados tienen derecho a descansar los fines de semana, ¿no?

Julieta comprendió a qué se refería y preguntó entre risas:

—¿Los dueños también cuentan como empleados?

—Ser dueño también es muy pesado.

Sergio volvió a preguntarle:

—¿Dormiste bien anoche?

—Está bastante bien. Llámala tú también más tarde —respondió Mauricio.

—De acuerdo —contestó Jairo con indiferencia.

En ese momento, Jairo se encontraba dentro de un Bentley estacionado frente a Cumbres del Valle.

Después de terminar la llamada con Mauricio, dejó el celular a un lado.

Justo entonces, dos carros llegaron uno detrás del otro y se detuvieron frente a la casa.

Eran los carros de Sebastián y Carlos.

Mariana e Irene habían llevado a Camila a visitar a Julieta.

Cuando Carlos bajó, vio el carro de Jairo y le dijo a Irene:

—Entra tú primero con Camila.

Irene lo miró confundida.

—¿Tienes algo que hacer?

Carlos asintió ligeramente.

Mariana bajó del carro de Sebastián y enseguida reparó en el Bentley estacionado junto a la calle.

Al mirar a través del parabrisas y ver a Jairo sentado al volante, se sorprendió.

¿Qué hacía Jairo ahí?

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