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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 835

Guadalupe abrió los ojos de par en par y clavó la mirada en Julieta.

—Los invitados todavía no se han ido. ¿Piensas hacerlos esperar en vano? Leonardo organizó una fiesta de compromiso tan ostentosa, pero ni siquiera se ha presentado, y ahora Adriana también quiere marcharse. ¿Cómo piensas explicárselo después a su familia?

El rostro de Guadalupe palideció.

Por supuesto que entendía lo que Julieta pretendía hacer.

Volvió la cabeza hacia Jairo, pero él permaneció inmóvil, permitiendo que Julieta hiciera lo que quisiera.

A pesar de la mirada que Guadalupe le dirigía, Jairo no mostró reacción alguna.

Héctor también se mantenía indiferente.

Aunque Julieta acababa de sacar a la luz frente a todos aquellos vergonzosos asuntos del pasado, él no había intentado detenerla.

Carlos dio un paso al frente y dijo con frialdad:

—Guadalupe, será mejor que primero lleven a Adriana de regreso a su habitación.

Julieta ya había adivinado por qué Leonardo no se había presentado.

Poco antes, le había dejado muy claro a Jairo que ese día tenía que ver a Leonardo.

Ahora que por fin estaba frente a su madre biológica, Julieta parecía tranquila, pero solo ella sabía cuánto dolor ocultaba en su interior.

Una verdad como aquella habría sido difícil de soportar para cualquiera.

Álvaro se acercó a Jairo con pasos largos.

—Deja que Adriana se vaya.

—No te metas en esto —respondió Jairo.

Su voz sonaba agotada, pero no admitía discusión.

Álvaro volvió la mirada hacia Julieta.

Por lo que acababa de escuchar durante su conversación con Adriana, dedujo que era la esposa de Héctor.

Como la familia Quintana tenía negocios con Grupo Altamira, Álvaro ya había visto a Julieta en una recepción.

Tiempo atrás, todos decían que la esposa de Héctor era muy poco agraciada.

Después se enteró de que se había marchado.

Ahora parecía que, en realidad, la habían obligado a irse.

Y tras su regreso, era evidente que no dejaría en paz a Adriana tan fácilmente.

Después de todo, aquel era territorio de Leonardo y tenía que sacar a Adriana de ahí cuanto antes.

Sin embargo, cuando el encargado llegó, les informó que nadie podría marcharse antes de que terminara la fiesta.

Ni siquiera tenían permitido salir de la habitación.

La situación no podía ser más evidente: los hombres de Jairo ya habían tomado el control de la seguridad de la hacienda.

El cuerpo de Guadalupe se tambaleó.

La empleada se apresuró a sostenerla.

Entonces, Guadalupe llamó a Hugo.

***

Julieta llegó al salón de fiestas y se sentó como cualquier otra invitada, esperando a que comenzara la celebración.

Sostenía una copa de vino tinto y bebía en silencio.

Jairo y Héctor permanecían de pie a poca distancia, mientras Carlos estaba sentado junto a Julieta.

Ninguno dijo una sola palabra. Solo observaban cómo ella bebía una copa tras otra.

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