Mariana se acercó al escritorio y le mostró el celular a Carlos.
Él lo tomó, pero cuando intentó abrir el enlace, el video ya no estaba disponible.
—¿Qué video?
Mariana frunció el ceño, recuperó el celular y volvió a intentarlo.
El video había sido eliminado.
Apenas unos segundos antes todavía podía verlo, así que seguramente acababan de bajarlo.
—Ya debieron encargarse de eso. Era el video que grabaron ayer cuando tú y Julieta salieron. Los entrevistaron en la calle y la cuenta oficial de la oficina local de turismo lo publicó en internet. Tenía decenas de miles de likes, así que seguramente también tuvo muchísimas reproducciones.
Por lo general, los videos de aquella cuenta apenas recibían unas cuantas decenas de likes, pero ese se había vuelto viral de repente.
Carlos preguntó:
—¿Qué decían los comentarios?
—Nada malo. Casi todos decían que ustedes dos se veían muy bien juntos, pero Julieta todavía no está divorciada.
Todos los que rodeaban a Carlos tenían bastante claro lo que sentía por Julieta.
Lo único que nadie sabía era si algún día las cosas resultarían como él esperaba.
Mariana continuó:
—Si Héctor se niega rotundamente a divorciarse, ¿qué piensas hacer? No puedes quedarte para siempre al lado de Julieta sin decir nada.
Carlos la miró.
—Estamos en horario de trabajo. ¿De verdad crees que te voy a permitir tanta confianza?
Mariana se encogió de hombros.
—Solo me preocupo por ti y encima te molestas.
—Ya que tienes tanto tiempo libre, uno de estos días te voy a conseguir una cita a ciegas.
Mariana se dio la vuelta y se fue sin pensarlo dos veces.
Llevó el café a la oficina de Julieta, quien seguía ocupada con el trabajo.
Mariana dejó la taza frente a ella.
—¿Tanto trabajo tienes hoy?
Julieta levantó la vista.
—Gracias. No tanto. Tú sí que estás muy desocupada.
Mariana prácticamente no tenía trabajo que hacer ahí.
Había acompañado a Carlos en ese viaje de negocios más que nada para aprovechar la oportunidad y distraerse unos días.
Ella sonrió y se recargó de lado en el escritorio.
—Carlos no siempre acepta llevarme en sus viajes de trabajo. Tengo que aprovechar para relajarme un poco.
Julieta tomó un sorbo de café y luego le pasó una pila de documentos que tenía enfrente.
—Ya que estás tan desocupada, encárgate de esto.
Mariana soltó una risa.

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