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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 926

La reunión no terminó sino hasta el mediodía.

Julieta todavía no había terminado de revisar los archivos de la computadora.

Después de pasar tanto tiempo frente a la pantalla sin descansar, sentía los ojos adoloridos y pesados.

Mientras tanto, algunos representantes del banco ya habían llegado a la empresa para confirmar la situación.

Poco después, también comenzaron a presentarse enviados de otras compañías.

Durante todo el día, los teléfonos de la empresa no dejaron de sonar.

Para entonces, prácticamente todos los que el día anterior aún desconocían lo sucedido ya se habían enterado de la desaparición de Héctor.

La tensión se percibía claramente en toda la compañía.

Jairo y Santiago se encargaron de atender a los visitantes.

La mayoría todavía mostraba cierta consideración hacia Jairo y, al menos en apariencia, se despedía con cortesía:

—Confiamos en que Héctor estará bien. Volveremos a comunicarnos dentro de unos días.

No fue sino hasta las tres de la tarde, después de despedir al último grupo de visitantes, cuando Jairo por fin tuvo un momento libre.

Tomó la comida que acababan de preparar y regresó a la oficina.

Julieta acababa de terminar una llamada.

Estaba recargada en el respaldo de la silla, masajeándose el entrecejo.

—Julieta —la llamó Jairo.

Ella levantó la mirada.

—¿Ya se fueron todos?

Le habían informado que muchas personas habían acudido a la empresa y que varios de los clientes más importantes de Héctor también habían llamado uno tras otro.

En conjunto, esas personas le habían confiado fondos por más de diez mil millones de dólares.

Por eso estaban más ansiosas que nadie por confirmar qué había ocurrido con él.

Después de todo, en quien realmente confiaban era en Héctor.

Todos aquellos clientes eran extremadamente cautelosos y astutos.

Por el momento, Julieta apenas había logrado tranquilizarlos.

Hacía mucho tiempo que no se sentía tan agotada.

Héctor administraba una cantidad enorme de dinero y negocios y, aun así, siempre lograba mantenerlo todo perfectamente organizado.

Julieta no dijo nada más y caminó hacia el sofá.

Jairo se sentó frente a la computadora y comenzó a revisar los archivos.

Era la primera vez que tenía acceso directo a la información confidencial más importante de la empresa de Héctor.

Por muy estrecha que fuera la colaboración entre ambos, normalmente siempre se reservaban ciertos asuntos.

Sin embargo, en ese momento ya no podían preocuparse por eso.

Julieta se sentó en el sofá y apenas había comido unos cuantos bocados cuando Jairo recibió una llamada.

Era Fabián.

Julieta volteó hacia él.

Jairo le explicó parte de la situación a Fabián, aunque por su manera de hablar era evidente que no le había contado todo.

Julieta sabía que la relación entre Héctor y Fabián no siempre había sido tan cordial como ahora.

Héctor solía actuar con una dureza implacable y probablemente había sido después del nacimiento de Sofía cuando las relaciones dentro de la familia Gómez comenzaron a mejorar poco a poco.

Ahora que algo le había ocurrido a Héctor, Fabián sin duda mantendría la mirada puesta en Grupo Central.

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