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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 951

Al otro lado de la llamada reinaba un silencio absoluto.

Julieta sostenía el celular mientras sus dedos se cerraban poco a poco alrededor de él.

Ninguno de los dos decía nada y aquel silencio comenzaba a resultar sofocante.

Justo cuando estaba a punto de colgar, por fin escuchó la voz grave de Héctor.

—¿No tienes nada que decirme?

Había pasado más de un mes desde la última vez que escuchó su voz.

Ahora, al volver a oírla, Julieta sintió de pronto que toda la ternura de antes pertenecía a un pasado muy lejano.

Guardó silencio unos segundos y respiró profundamente.

—Me alegra que estés bien.

Su tono era tan tranquilo que Héctor soltó una risa fría.

—Por cómo lo dices, parece que te hubiera decepcionado.

Julieta apretó con fuerza el celular. Sus labios también se tensaron hasta perder el color, pero no respondió.

Después de esperar unos segundos, la voz de Héctor se volvió aún más fría.

—¿No vas a decir nada?

Julieta hizo todo lo posible por contener las emociones que se agitaban en su interior.

—No hay nada que decir.

Luego colgó.

El celular descendió lentamente entre sus dedos y Julieta se dejó caer contra el respaldo del sofá, como si de pronto le hubieran quitado todas las fuerzas.

Se quedó mirando la oscuridad de la noche al otro lado de la ventana, inmóvil durante mucho tiempo.

Por su parte, Héctor permaneció mirando la pantalla del celular después de que terminó la llamada, con el rostro completamente ensombrecido.

***

No fue hasta que Ximena fue a avisarle a Julieta que la cena estaba lista cuando notó que algo no estaba bien.

—Señora Julieta, ¿se siente mal? ¿Quiere que vayamos al hospital?

Julieta volvió en sí y se esforzó por recomponer sus emociones.

—Estoy bien.

Fue al baño, se lavó la cara para despejarse un poco y después caminó hacia el comedor.

Sin embargo, apenas había comido unos cuantos bocados cuando las náuseas regresaron.

Se levantó rápidamente y corrió al baño.

Al final, solo logró tomar un pequeño tazón de caldo de pollo ligero.

Después tomó sus suplementos nutricionales y regresó a su recámara para descansar.

Al día siguiente era fin de semana.

Después de una semana entera de cielos nublados, por fin salió el sol.

El cielo estaba intensamente azul y la luz era especialmente brillante.

Julieta no salió de casa. Se quedó junto al balcón leyendo.

—Claro que no.

La mirada de Carlos no tardó en caer sobre los dos gatitos.

—¿Desde cuándo los tienes?

—Hace un par de días estaba lloviendo y los encontré abandonados en un área verde de aquí cerca.

Carlos se agachó y les hizo una seña con la mano.

Los dos gatitos corrieron enseguida hacia él.

—Están muy bonitos. ¿Ya los llevaste a revisar? ¿Y las vacunas?

—Sí. Ya los revisaron y también los vacunaron. No tienen ningún problema.

—Qué bueno.

Carlos tomó el juguete de varita que estaba a un lado y los dos gatitos se lanzaron de inmediato a intentar atraparlo.

—Está bien que los tengas para que te hagan compañía. ¿Ya les pusiste nombre?

—Canela y Tigre.

Carlos soltó una risa.

—No te complicaste mucho.

Julieta también sonrió.

—Con que sean fáciles de llamar, basta.

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