—Señorita, yo me encargo —dijo Giselle en voz baja.
Jimena asintió con un murmullo y, mirando de reojo a Federico que seguía en el sofá, ordenó:
—Prepara la habitación de huéspedes para Federico.
Giselle asintió.
Al escuchar esto, Federico levantó la vista y dijo:
—No voy a dormir en el cuarto de huéspedes.
Jimena se quedó callada, con una mirada de ligera incomodidad.
Federico recordó la última vez que Jimena lo mandó a la habitación de invitados a media noche. Justo cuando las cosas iban a pasar al siguiente nivel, ella lo había corrido.
Esta noche Benjamín y Petra estaban en la casa. No quería que al día siguiente lo vieran saliendo del cuarto de visitas.
—Mejor me regreso al hotel.
Giselle intervino rápidamente:
—Ya es muy tarde, joven. Quédese aquí en la casa.
Federico estaba esperando justo eso y respondió al instante:
—No quiero dormir en la sala.
Giselle parpadeó, sin saber qué más decir. Si no quería el cuarto de huéspedes ni la sala, eso significaba que quería la recámara principal. Y ahí dormía Jimena.
Federico clavó la mirada en Jimena.
Ella no respondió.
Federico se levantó del sofá.
—Entonces me voy al hotel. Mañana temprano tengo que regresar a Santa Brisa para organizar lo de la boda.
—Está bien, te acompaño a la puerta —dijo Jimena.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...