La pantalla seguía mostrando la conversación con Jimena.
Rosalía respiró profundo, tragándose su orgullo, y se acercó a la cama de Franco.
—Franco, te traje algo para la cruda. Tómatelo mientras está caliente.
Franco levantó la vista. Al ver la sonrisa complaciente de Rosalía, su expresión se volvió gélida.
—Rosalía, ¿cómo puedes ser tan sinvergüenza?
Rosalía se tensó.
—¿Qué hice?
Franco soltó una risa fría.
—Me voy a divorciar de ti y todavía tienes el descaro de venir a cuidarme.
Ante el insulto, Rosalía bajó la mirada y dijo suavemente:
—Pero todavía no estamos divorciados, ¿o sí?
La mirada de Franco se oscureció.
—Rosalía, sabes muy bien que cuando decido hacer algo, nadie me detiene.
—Claro que lo sé —asintió ella—. Si no, no habrías terminado con Jimena para casarte conmigo.
Al mencionar el pasado, Franco frunció el ceño con evidente disgusto. La miró con asco.
Rosalía respiró hondo para que no le afectara.
—Franco, no soy tu enemiga, no me mires así. Casarte conmigo fue una decisión que tomaste evaluando tus propios intereses. Ahora que Jimena se va a casar con otro y te entró el pánico, no me eches toda la culpa a mí.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...