Jimena respondió con tono indiferente:
—Dice que le queda de paso.
Dicho esto, levantó la vista y miró hacia el lado opuesto.
Liliana caminaba del brazo de la señora Solís. Habían comprado bastantes cosas, pero no contrataron a ningún asistente de compras del centro comercial.
Regina parecía su criada, siguiéndolas por detrás cargada con bolsas de todos tamaños.
Jimena solo las miró un instante y apartó la vista.
Violeta también lo notó y murmuró:
—La verdad es que Regina da lástima.
—Cada quien elige su destino —dijo Jimena sin emoción.
Violeta asintió.
—Es cierto.
Federico no era un hombre tacaño.
En los tres años que salieron, Regina pudo haber cambiado su vida por completo, pero no lo hizo.
Eso solo significaba que Regina no sabía aprovechar las oportunidades.
O tal vez, que Regina no podía renunciar al supuesto afecto familiar de los Solís.
Fuera cual fuera el caso, Jimena no lo comprendía.
Pero respetaba su suerte.
Como Federico aún no llegaba, Jimena dio otra vuelta con Violeta.
Violeta ya estaba cansada y con sueño, así que bajaron juntas al estacionamiento subterráneo.
Apenas entraron, escucharon sollozos provenientes de un rincón.
Era una mujer llorando desconsoladamente.
Violeta y Jimena se miraron y caminaron hacia el origen del llanto.
La mujer, que lloraba con la cabeza agachada, sostenía un celular; no se sabía con quién hablaba.
Su llanto era tan lastimero que provocaba ganas de ayudarla.
Sin embargo, su figura estaba oculta en las sombras, por lo que no se veía bien.
Violeta preguntó en voz baja:
—¿No compraste nada?
—Hice que lo enviaran a la residencia —respondió Jimena.
Usó «residencia» para referirse a Los Arrayanes, no «casa».
Federico arqueó una ceja, sintiendo un destello de molestia, y dijo con tono seco:
—La señorita Calvo sí que sabe disfrutar.
—Es un servicio incluido. Solo disfruto del servicio que merezco por mi consumo.
Federico sonrió levemente.
—Caminaste por horas, debes estar cansada. Vámonos a casa.
Jimena no se movió. Miró hacia atrás y dijo con frialdad:
—Señor Núñez, ¿no tiene asuntos pendientes por resolver?
Federico frunció el ceño.
Un segundo después, vio a Regina salir de las sombras.
La marca de la bofetada en su rostro era muy evidente y tenía los ojos rojos de tanto llorar. Se veía realmente vulnerable y desamparada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...