—No debí llamarte.
La expresión de Federico era gélida.
—Si sabías que no debías, ¿por qué lo hiciste?
Regina se quedó atónita, y las lágrimas rodaron desde el rabillo de sus ojos.
Se mordió el labio con fuerza, y una expresión de desesperación cruzó su mirada.
—Yo tampoco quería, pero de verdad no tenía otra opción.
—La señora Solís y mi hermana no me permiten volver a casa y congelaron mis cuentas bancarias. No tenía a dónde ir, por eso te pedí ayuda.
Mientras hablaba, Regina se abrazaba a sí misma, temblando.
Federico la miró con indiferencia, sin ninguna intención de quitarse el saco para cubrirla.
Pasó un buen rato antes de que Federico sacara su cartera, tomara el efectivo que llevaba y se lo tendiera.
Regina miró el dinero frente a ella y se quedó paralizada un instante.
Se mordió el labio, tardando en extender la mano para recibirlo.
Aquello era un poco diferente a lo que había imaginado.
Federico volvió a estirar la mano, acercando más el efectivo a Regina. Su voz era plana, sin emociones.
—El próximo mes, se descontará de tu sueldo.
La expresión de Regina se tensó.
Federico había sido tan claro que, si no aceptaba el dinero, parecería que su situación no era tan difícil como decía.
Regina no tuvo más remedio que tomar el dinero que Federico le ofrecía.
—Gracias.
Se mordió el labio con fuerza, mientras sus pestañas temblaban levemente.
Federico simplemente le dirigió una mirada fugaz antes de apartar la vista y caminar hacia su auto.
Al ver lo tajante que era su partida, Regina respiró hondo y lo llamó:
—Federico, en realidad, durante todo este año, me he estado arrepintiendo.
No debió haber terminado con él.
Federico no se volvió. Su tono siguió siendo indiferente:

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...