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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1137

—Parece que Helena se preocupó de más.

Jimena levantó la vista para mirarlo.

Federico dijo lentamente:

—Helena dijo que, después de la visita de Regina, tu humor había empeorado.

—Pensé que era verdad. Pero ahora veo que el estado de ánimo de la señorita Calvo no se ha visto afectado en lo más mínimo.

Jimena apartó la mirada de Federico.

—Helena nos ve como a un matrimonio normal, por eso pensó que los temas incómodos que tocó Regina me afectarían.

—Pero como no somos un matrimonio normal, no voy a dejar que un detalle así me afecte.

—Señor Núñez, quédese tranquilo. Soy una persona sensata y sé cuál es mi lugar en nuestra relación.

Al escuchar estas palabras, Federico se tragó la explicación que tenía en la punta de la lengua.

Con esa actitud, ella dejaba claro que no necesitaba ninguna explicación de su parte.

Federico apartó la silla y se levantó.

—La señorita Calvo es, sin duda, una mujer muy consciente. Ya que eres tan comprensiva, me quedo tranquilo.

Jimena no respondió.

Federico continuó con frialdad:

—Tengo que ir a Suria. Probablemente regrese en una semana.

Jimena asintió.

—Entendido.

Al ver su actitud tan indiferente, Federico sintió como si le faltara el aire.

Temiendo morirse del coraje si seguía allí, salió rápidamente del estudio.

Cuando él se fue, Jimena volvió a fijar la vista en los documentos sobre el escritorio.

Federico salió de la habitación con su equipaje.

Al pasar frente al estudio arrastrando la maleta, echó un vistazo hacia adentro.

El ruido de las ruedas sobre el piso era bastante notorio.

Jimena levantó la cabeza y miró a Federico.

Helena, con una expresión apenada, dijo con cautela:

—Señora, espero no haberle causado problemas. Solo quería avisarle al señor que la señorita Serrano vino a provocarla, no pensé que... las cosas acabarían así.

No imaginó que Federico se iría de la casa por eso.

Jimena vio la preocupación y la culpa en el rostro de Helena, así que suspiró con cansancio y dijo:

—No es tan grave como piensas.

—Vete a descansar.

Al ver la actitud tan tranquila de Jimena, Helena sintió un alivio en el pecho.

Cuando se dio la vuelta para irse, recordó la orden de Federico y miró de nuevo a Jimena.

—Señora, antes de irse, el señor Núñez dijo que buscara a alguien para quitar la lavanda.

Jimena, con expresión impasible, asintió para indicar que ya lo sabía.

Al ver esto, Helena preguntó:

—Entonces, ¿la quito o no?

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