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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 1181

—Ahora mismo estoy por la Calle Belgrano —se escuchó decir de pronto al hombre.

Esmeralda se quedó paralizada un momento. Aquel día que regresó a la casa de la familia de la Garza tomó esa ruta, así que no estaba lejos de la Villa del Atardecer.

—Entonces ven —dijo Esmeralda tras dar un profundo suspiro—, pediré que te preparen un caldo para la resaca.

—De acuerdo —respondió David con total naturalidad.

En menos de veinte minutos.

El auto llegó frente a la entrada de la villa de Esmeralda.

David entró a la sala. A esa hora, todo estaba en completo silencio. Vio a Esmeralda bajar las escaleras, llevaba un vestido largo rosa pálido que solo dejaba a la vista sus delicados tobillos, y calzaba unas pantuflas de conejo. Su largo cabello caía suelto, sus facciones eran finas y suaves; bajo la cálida luz de la lámpara, la mujer lucía aún más tierna.

Incluso a esa distancia, a él le pareció percibir ese aroma fresco y embriagador.

Dio unos pasos hacia ella.

Esmeralda lo observó. Llevaba un traje formal gris claro que resaltaba su figura alta y elegante; no parecía en absoluto alguien que sufriera de mareos o malestar.

—Yo te veo bastante bien —dijo ella, deteniendo su andar.

David le tomó la mano y sonrió de medio lado.

—Como me pediste que viniera, mi humor mejoró, así que el mareo se me pasó un poco.

Lo decía como si ella tuviera superpoderes.

En ese momento.

Miriam, la niñera, trajo el caldo para la resaca y lo dejó sobre la mesa de centro.

—¡Miriam, ya puedes ir a descansar! —le indicó Esmeralda.

—Muy bien.

La niñera salió de la sala.

Esmeralda se sentó en el sofá y miró a David.

—¡Tómatelo rápido!

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