David soltó una risa leve, viendo a Clara acercarse a ellos.
—Más te vale que Clara no se entere de que tienes otra hermana biológica. Si supiera que la extrañas tanto mientras a ella, que la tienes enfrente, no la tratas tan bien, seguro se pondría celosa.
—Aunque no me opongo a que salgas con Clara —dijo Enzo—, no voy a permitir que viva contigo hasta que resuelvas tus propios asuntos.
David curvó los labios en una sonrisa imperceptible y no dijo nada.
En ese momento, Clara llegó hasta ellos.
—Enzo, ¿de qué están platicando?
Enzo sonrió.
—De nada importante.
***
—Esmeralda, ¿qué te pasa? ¿De verdad te crees muy importante o qué?
Lucía azotó una pila de documentos frente a Esmeralda.
Hacía un momento, Lucía había intentado endosarle trabajo que no le correspondía, como siempre, pero Esmeralda se había negado directamente.
Esmeralda miró a la furiosa Lucía y sonrió con sarcasmo.
—Lucía, si no puedes hacer ni este trabajo tan simple y tienes que pedirle a otros que lo hagan por ti, ¿cuál es exactamente tu función en esta oficina? Creí que ayer fui bastante clara, pero veo que no te entró nada en la cabeza. ¿O es que hoy amaneciste igual de estúpida?
—¡Esmeralda! ¡No abuses!
Los demás compañeros de la oficina, que observaban el alboroto, se quedaron atónitos. ¿La sumisa y callada Esmeralda estaba tirando todo por la borda? Parecía que de verdad ya no quería seguir ahí.
Al escuchar eso, Lucía se puso roja de coraje y avanzó con la mano levantada para abofetearla.
Pero Esmeralda, anticipando el movimiento, reaccionó al instante. Agarró el vaso de agua que tenía en su escritorio y le arrojó el líquido a la cara.
Lucía se quedó paralizada, empapada, y luego gritó:
—¡Ah! ¡Esmeralda, pinche gorda descarada! ¿Cómo te atreves?
—¿Qué es este escándalo? ¡Cállense todos!
La voz de Jaime resonó. Lucía detuvo su intento de lanzarse sobre Esmeralda. Jaime se acercó con aire amenazante y vio el estado lamentable de Lucía.
—¿Qué pasó aquí?
Lucía respiró hondo.
—Le asigné trabajo a Esmeralda y se niega a hacerlo.
Jaime frunció el ceño, con la mirada llena de disgusto clavada en Esmeralda.
—Esmeralda, esto es una empresa, no tu casa de descanso. Si se te asigna trabajo, tienes que hacerlo. Te pagan para trabajar, no para venir de vacaciones.
Esmeralda se quitó el gafete del cuello y lo aventó sobre el escritorio. Miró a Jaime con frialdad.
—¿Vacaciones? Perdón, pero en este lugar de porquería no hay vacaciones que valgan. Por cierto, avísele al señor Montes que todavía no he reportado que Lucía alteró los datos de mi informe la última vez. Deje de creerse mucho solo por ser el asistente del presidente, cuando ni siquiera hace bien su trabajo. Tener gente tan deshonesta en su empresa no le hace ningún bien. El señor Montes debería ponerse a hacer su trabajo de presidente en lugar de andar de fiesta con su joven amante.
Dicho esto, Esmeralda tomó su bolsa y se fue.
—¡Esmeralda! ¡Esmeralda, ven aquí ahora mismo!
Lucía estaba verde del coraje. ¡No podía creer que en dos días esa mujer la hubiera humillado dos veces sin piedad!
Jaime también se quedó pasmado ante la respuesta de Esmeralda. ¿Esa era la mujer sumisa que conocía?
Esmeralda bajó en el elevador. Apenas salió, se topó con David que regresaba a la empresa. Al verla, la cara del hombre se ensombreció.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...