Esto no solo afectaba su propio prestigio.
Era de imaginarse el humor de David.
Cuando Renato se reunió con David esa noche, ya hasta había pensado en cómo quería morir. Fue enviado de regreso a San Pedro esa misma noche; su castigo se decidiría cuando David volviera.
Se citaron en el hotel donde se hospedaba David.
Cuando Gabriel llegó, David ya lo esperaba.
Isa también estaba ahí.
Quizás por haber estado tanto tiempo en el hospital, Isa amaneció resfriada y con fiebre baja.
Ahora estaba sin ánimos, recargada en los brazos de su papá; verla tan quietecita y frágil partía el corazón.
Cuando Isa se enfermaba, no quería separarse de David.
Por eso David la traía consigo.
Al ver a Gabriel, Isa saludó débilmente: —Señor Gabriel.
Gabriel asintió y le preguntó a David: —¿Qué tiene Isa?
David respondió: —Un poco de resfriado y fiebre.
Isa miró a Gabriel y preguntó: —Señor Gabriel, ¿cuándo se va a curar Evelynn?
Gabriel sonrió con ternura. —Cuando Isa se cure, Evelynn también se curará.
Isa dijo con voz suave: —Entonces Isa se tiene que curar rápido.
—Así es, Isa tiene que mejorarse pronto.
David arrulló a Isa: —Duérmete ya, Isa.
Gabriel esperó afuera a que David lograra dormir a la niña.
Unos diez minutos después, Isa finalmente se quedó dormida en los brazos de David.
Gabriel mantuvo su expresión tranquila y dijo: —Qué relación tenemos no es asunto del señor Montes. Definitivamente voy a exigir resultados sobre su accidente.
David rio por lo bajo, con los ojos llenos de una gélida oscuridad. —Está bien, entiendo lo que quiere decir el Dr. Loyola.
El ambiente se congeló un instante.
Gabriel se levantó. —Entonces no molesto más al señor Montes.
Cuando se dio la vuelta para irse, escuchó a David preguntar: —¿Sabe el Dr. Loyola dónde está Esmeralda ahora?
Gabriel se detuvo, volteó hacia David y dijo: —Así que el señor Montes aún recuerda a Esme. Pensé que después de cinco años, ya habría olvidado su existencia.
David levantó la vista; en el fondo de sus ojos oscuros había un brillo gélido e inexpresivo. Sostuvo la mirada de Gabriel sin responder.
Gabriel solo dijo: —Ella sigue en Estados Unidos. —Dicho esto, no añadió más y caminó hacia la salida.
David retiró la mirada y soltó una risa fría.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...