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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 191

Esmeralda se quedó en San Luis tres días.

Ese día, recibió una noticia: Evergreen Capital había conseguido el proyecto en la zona financiera de San Luis. Fue David quien fue personalmente a negociarlo.

Como era de esperarse, no había proyecto que David no pudiera cerrar si se presentaba en persona.

Al parecer, su objetivo al venir a San Luis no era adquirir Laboratorios Génesis.

Los asuntos internos de la sucursal progresaban sin contratiempos; tras una evaluación y revisión, ascendió a tres personas jóvenes y capaces.

La empresa también necesitaba sangre nueva y con energía.

De ahora en adelante, la sucursal estaría bajo la supervisión directa de Esmeralda, con Simona quedándose a cargo de la gestión local.

Santiago, que ahora no tenía nada que hacer, se la pasaba en la oficina de Esmeralda, deambulando por ahí y provocando suspiros entre varias empleadas jóvenes.

Esmeralda terminó corriéndolo de vuelta al hotel.

Cinco días después.

Esmeralda fue al hospital para que le retiraran los puntos. La cicatriz en la frente solo podría eliminarse mediante tratamientos estéticos, así que decidió ir a la estética y cortarse un fleco recto para cubrirla temporalmente.

Santiago la acompañó y aprovechó para recortarse el cabello él también.

Al ver el fleco de Esmeralda, comentó:

—¿Por qué me miras tanto? ¿Se ve muy raro? —Esmeralda se acomodó el cabello; solo había usado fleco cuando estudiaba, así que ahora se sentía un poco extraña.

Santiago sonrió.

—El fleco te queda bien, solo que me recuerda a cuando estabas en la preparatoria.

Esmeralda tenía un rostro ovalado y delicado; el fleco recto la hacía ver mucho más joven, como una estudiante inocente.

Esmeralda arqueó una ceja y sonrió.

—Entonces tú también pareces un jovencito.

Santiago soltó una risa indignada.

—¿Acaso antes de cortarme el pelo era un tío viejo o qué?

Esmeralda se encogió de hombros y siguió caminando.

Santiago, no dispuesto a dejarlo así, la persiguió para pedirle una explicación.

Mientras tanto.

Desde el interior de un Rolls-Royce que circulaba lentamente por la calle de enfrente, unos ojos oscuros observaban a través del cristal tintado a la pareja que jugueteaba en la acera contraria.

—Ya, no seas tan sentido. Te invito a comer, ¿qué se te antoja?

Santiago resopló.

Valentina, Manolo y los demás esperaban a Esmeralda para cenar.

En cuanto a Santiago, originalmente planeaba ir a cenar con los de la Garza, pero hoy había reunión familiar en casa de los Mondragón. Doña Miranda llevaba tiempo sin verlo y preguntaba por él, así que tuvo que ir para allá.

Álvaro soltó un suspiro de alivio al ver a Esmeralda sana y salva; en cuanto al accidente de coche, Manolo y los demás no sabían nada.

—¿Por qué te cortaste fleco? —preguntó Valentina.

Esmeralda sonrió.

—¿Qué pasa? ¿No se ve bien?

—Claro que se ve bien, tú te ves hermosa con cualquier peinado. Pero mira nada más, has bajado de peso con este viaje tan largo, vamos a tener que alimentarte bien. Siéntate a cenar, anda.

La familia cenó en un ambiente armonioso.

Esa noche, Esmeralda no durmió bien.

Pensaba en Isa.

Isa no la había contactado en todos estos días; tal como imaginaba, David no permitiría que Isa la volviera a ver.

De repente, no pudo controlar sus emociones y sollozó escondida bajo las cobijas.

Por la noche, soñó de nuevo con Isa enferma, llorando sin parar. Ella intentaba extender la mano para abrazarla, pero no lograba tocar su pequeño cuerpo.

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