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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 231

—Gracias, profesor. Quiero intentar hablar con David de nuevo. Después me comunico con usted.

Al menos por Isa, no quería que las cosas terminaran en un escándalo.

—Está bien —respondió Gabriel.

Esmeralda contactó enseguida al abogado Salguero para cancelar temporalmente la reunión de hoy.

Después de desayunar, Esmeralda condujo directamente hacia la Residencia Las Nubes.

Estacionó el coche frente a la villa.

Antes era difícil saber dónde estaba David, pero ahora solía pasar los fines de semana en casa.

Esmeralda tocó el timbre.

Fernanda salió a abrir casi de inmediato. Al ver que era Esmeralda, su cara se transformó en una mueca de desagrado.

Esmeralda no le hizo caso y dio un paso para entrar.

—Oye, ¿qué haces? Señorita Evelynn, esta no es su casa —Fernanda se interpuso en su camino para bloquearla.

Esmeralda se detuvo y la miró con frialdad.

—Si no quieres que te parta la cara, quítate.

Fernanda se asustó ante la mirada de Esmeralda y se quedó petrificada en su lugar.

Esmeralda caminó hacia el interior de la villa.

Entró a la sala y escuchó el sonido del piano proveniente de una de las habitaciones.

Los empleados vieron a Esmeralda y no la detuvieron; solo observaron cómo caminaba hacia la sala de música como si fuera la dueña de la casa.

Al llegar a la puerta, vio a padre e hija sentados frente al piano, tocando juntos.

En la habitación, amplia, luminosa y cálida, Isa llevaba un vestido de princesa azul. Estaba sentada muy quietecita, tan hermosa y adorable como una muñeca de aparador.

El hombre vestía una camisa casual del mismo tono que el vestido de Isa. Sus dedos largos y de nudillos bien definidos se posaban sobre las teclas, irradiando un aura gentil y una elegancia incalculable.

Tocaba siguiendo el ritmo de Isa.

Isa y su papá se miraron y sonrieron; los ojos de la niña brillaban como si escondieran una galaxia entera, y David la miraba con orgullo y adoración.

En ese momento, David notó la silueta en la puerta y retiró la mirada con indiferencia.

Esmeralda se sintió como una extraña parada allí, observando en silencio esa escena tan conmovedora.

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