Doña Antonella, por supuesto, conocía las capacidades de Esmeralda. Antes de dejarla casarse con David, había mandado a investigarla. Esmeralda había sido la mejor estudiante de la ciudad, con un historial académico excelente y gran capacidad laboral. Una genética así, combinada con la de David, seguramente daría como fruto hijos inteligentes y sobresalientes.
Además, había consultado su destino con alguien especial. Esmeralda y David eran muy compatibles; si se casaban, ella podría ayudar a su esposo en su carrera futura.
Aunque era una familia reconstituida, las relaciones eran armoniosas y no complicadas.
Así que no fue solo por el embarazo, sino tras una investigación de fondo, que aceptó que Esmeralda entrara a la familia.
Claro que aquel vidente predijo que su matrimonio no sería muy tranquilo y que llegar al final sería muy difícil.
Santiago no se quedó mucho tiempo.
—Todavía tengo que ir a una cena de negocios. Abuela, me voy. Cuando termine vendré a hacerte compañía como se debe.
Doña Antonella le dio algunas recomendaciones.
Cuando Santiago se dio la vuelta para irse, David iba llegando.
Esmeralda se quedó pasmada al verlo.
Santiago saludó a David:
—Primo.
David asintió.
—Tiempo sin verte. ¿En qué andas?
Intercambiaron un par de frases de cortesía.
—Solo vine a traer a Esme. Tengo cosas que hacer, me voy, luego platicamos.
David asintió levemente.
Santiago se fue.
David entró a la casa y vio a la abuela.
—Abuela.
A Esmeralda la ignoró por completo.
Doña Antonella tomó una caja de terciopelo bellamente envuelta que estaba sobre la mesa de centro y se la extendió a Esmeralda.
—Tu tía abuela supo que la familia Montes por fin va a tener una niña. Esto te lo manda especialmente a ti, tómalo.
Esmeralda se sorprendió. No pudo rechazarlo, así que lo tomó con ambas manos.
—Gracias, abuela.
—Cuando haya oportunidad, te llevaré a que conozcas bien a tu tía abuela.
Esmeralda asintió.
Otras subían de estatus por tener un hijo varón; ella subía por tener una niña. Pero solo era algo efímero, porque pronto David se divorciaría de ella.
Sosteniendo la caja de terciopelo y escuchando las palabras de la abuela, sintió el corazón nervioso. Levantó la vista con cautela para mirar al hombre de enfrente.
David estaba recargado en el sofá con las piernas cruzadas. Su rostro era perfecto, con facciones de una belleza clásica pero con unos rasgos afilados que denotaban frialdad. Su postura seguía siendo elegante y fascinante, capaz de poner el mundo de cabeza.
Su mirada, en ese momento, estaba posada sobre ella.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...