Gabriel detuvo sus manos sobre el teclado, miró a Abril y preguntó:
—¿Entonces qué quieres?
—Todavía no lo he pensado —respondió ella.
—Cuando sepas, me dices.
—Hecho.
Gabriel vio que no se iba.
—¿Algo más?
Abril levantó ligeramente la barbilla, con una mirada astuta que leía los pensamientos de su hermano.
—Hermano, si quieres preguntar algo, no te lo guardes. Conmigo no necesitas disimular.
Gabriel sonrió con resignación, se quitó los lentes, se recargó en el respaldo de la silla y se frotó el entrecejo con gesto cansado. Luego miró a Abril.
—¿Qué le dijiste a Esme?
Abril le contó todo con lujo de detalles.
—Ya lo sabía.
Abril arqueó una ceja.
—Vaya que conoces bien a Esme.
—Si David hubiera tenido aunque sea una pizca de compasión por Esme en el pasado, ella no sería tan inflexible ahora —dijo Gabriel.
Aunque Abril no conocía los detalles exactos del sufrimiento de Esmeralda, ver a David ahora le bastaba para saber que no era un hombre frío cualquiera.
A pesar de que su actitud hacia Esme era respetuosa y le sonreía, había algo en esa sonrisa que helaba la sangre.
—Esme debe estar sufriendo mucho por dentro —dijo Abril con preocupación.
La habitación quedó en silencio un par de segundos.
Abril sonrió con picardía.
—Hermano, ahora es cuando Esme más necesita consuelo.
Gabriel miró a su hermana.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...