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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 344

Gabriel detuvo sus manos sobre el teclado, miró a Abril y preguntó:

—¿Entonces qué quieres?

—Todavía no lo he pensado —respondió ella.

—Cuando sepas, me dices.

—Hecho.

Gabriel vio que no se iba.

—¿Algo más?

Abril levantó ligeramente la barbilla, con una mirada astuta que leía los pensamientos de su hermano.

—Hermano, si quieres preguntar algo, no te lo guardes. Conmigo no necesitas disimular.

Gabriel sonrió con resignación, se quitó los lentes, se recargó en el respaldo de la silla y se frotó el entrecejo con gesto cansado. Luego miró a Abril.

—¿Qué le dijiste a Esme?

Abril le contó todo con lujo de detalles.

—Ya lo sabía.

Abril arqueó una ceja.

—Vaya que conoces bien a Esme.

—Si David hubiera tenido aunque sea una pizca de compasión por Esme en el pasado, ella no sería tan inflexible ahora —dijo Gabriel.

Aunque Abril no conocía los detalles exactos del sufrimiento de Esmeralda, ver a David ahora le bastaba para saber que no era un hombre frío cualquiera.

A pesar de que su actitud hacia Esme era respetuosa y le sonreía, había algo en esa sonrisa que helaba la sangre.

—Esme debe estar sufriendo mucho por dentro —dijo Abril con preocupación.

La habitación quedó en silencio un par de segundos.

Abril sonrió con picardía.

—Hermano, ahora es cuando Esme más necesita consuelo.

Gabriel miró a su hermana.

—Isa tuvo problemas del corazón a los dos años. Fue el Doctor Edgar Morales quien la curó.

Esmeralda recordó que en el último chequeo médico de Isa no había visto nada anormal en el corazón. No hizo más preguntas, pero al mirar a su hija, sus ojos se llenaron de dolor y ternura.

Isa miró a Esmeralda y dijo:

—Mi papá me lleva seguido a ver al Doctor Morales. Papá dice que si no fuera por él, no me habría conocido.

Al escuchar a Isa, Esmeralda sintió un escalofrío al pensar en lo que pudo haber pasado. No tenía idea de que Isa hubiera pasado por una crisis así; Santiago Montes nunca se lo había mencionado.

Seguramente para no preocuparla.

Después del desayuno, David condujo hacia una colonia antigua en la zona centro, llevando a Esmeralda e Isa.

Al llegar, David estacionó fuera del complejo residencial. Esmeralda bajó con Isa y David sacó los regalos de la cajuela.

Al ver que Esmeralda cargaba a la niña, se acercó.

—Lleva tú los regalos, yo cargo a Isa.

Aunque Esmeralda solo había asumido el rol de madre temporalmente, para Isa era real, y se había vuelto extremadamente apegada a ella. Isa ya medía un metro veinte y pesaba lo suyo; Esmeralda no podría cargarla mucho tiempo.

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