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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 352

David arropó a Isa con la cobija, le dio un beso en la frente y salió de la habitación sin decir nada.

Esmeralda miró la puerta cerrada, bajó la vista y continuó trabajando.

Isa faltó a la escuela dos días para recuperarse en casa.

Esmeralda pasó esos dos días trabajando desde la villa para acompañarla.

David iba y venía del trabajo con normalidad, aunque llegaba más temprano para estar con la niña.

Durante esos días, aunque se veían, casi no cruzaban palabra. Solo intercambiaban alguna frase cuando comían juntos con Isa.

Ese día, Esmeralda también recibió una llamada del abogado Noriega.

El tribunal no había concedido el divorcio.

Era un resultado esperado.

Ese mismo día, después de la escuela, Abril Loyola llevó a su hija Lidia a visitar a Isa.

Las dos niñas se sentaron en la alfombra a jugar con bloques de construcción.

Mientras platicaban, Esmeralda se enteró de que Gabriel había sido hospitalizado por una gastroenteritis aguda.

—Cuando se llena de trabajo, se le olvida comer. Últimamente se sentía mal y no quiso ir a checarse, hasta que se puso grave y tuvieron que internarlo.

Mañana era fin de semana, así que Esmeralda decidió ir al hospital a verlo.

—Esme, ¿te estás quedando aquí ahora? —preguntó Abril.

Esmeralda asintió con resignación.

—Isa está mal del corazón, así que me quedaré unos días con ella.

No podía imaginar lo que Isa había sufrido en su cirugía anterior. Aquel día, verla en la cama del hospital le había roto el corazón.

Abril lo entendía perfectamente.

—¿Cómo es que Isa tiene problemas del corazón?

—Debe ser herencia de mi papá, es algo genético.

Manolo tenía problemas cardíacos. Hace cinco años, cuando la empresa tuvo problemas, su salud se deterioró mucho. Por eso, cuando las cosas se estabilizaron, ya no tuvo energía para seguir y vendió la compañía.

Esmeralda asintió.

Esa noche, David regresó temprano. Traía cuatro rebanadas de pastel.

Isa había hablado con él por teléfono para decirle que tenían visitas y le pidió que trajera el pastel que le gustaba.

Al ver a David, Abril sintió esa presión intimidante que el hombre irradiaba.

—Papá —gritó Isa.

Isa presentó a Lidia.

—Ella es mi amiga Lidia, y él es mi papá.

—Hola, señor —saludó Lidia educadamente.

David se puso en cuclillas y dijo con voz amable:

—Bienvenida a nuestra casa. ¿Tú cómo te llamas, pequeña?

—Me llamo Lidia Loyola.

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