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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 4

Por la noche.

Para sorpresa de Esmeralda, el hombre que por la mañana le había pedido el divorcio regresó a casa.-

—Tú...

—Prepárame un plato de menudo y llévalo al estudio.

Dicho esto, David subió las escaleras.

Esmeralda reaccionó, fue a la cocina, le preparó el menudo y lo llevó al estudio.

El hombre revisaba unos documentos con el ceño fruncido, irradiando una frialdad distante e inquebrantable.

Ella no lo molestó; dio media vuelta y salió.

Aunque él hubiera vuelto, dormían en habitaciones separadas.

Él dormía en la recámara principal del segundo piso.

Ella, en la habitación de huéspedes de la planta baja.

***

Al día siguiente.

Como David estaba en casa, las empleadas prepararon un desayuno abundante.

Él se sentó a la cabecera de la mesa, pero no vio a Esmeralda.

Normalmente, cuando él estaba, Esmeralda no solo le planchaba y preparaba la ropa para el día siguiente, sino que también le hacía el desayuno personalmente. Era, sin duda, una esposa dedicada.

Pero esa mañana no vio la ropa preparada y el desayuno lo habían hecho las empleadas.

—¿Dónde está ella? —preguntó David con impaciencia.

La empleada, Martina Reyes, soltó de inmediato una sarta de quejas:

—Fui a llamarla temprano, pero no se quiere levantar. Todos los días hay que llevarle la comida a la cama y nos trata con indiferencia. Le preguntamos qué quiere comer y no responde, como si fuéramos adivinas. Solo está embarazada, eso es todo. Cuando la señora Marisa estaba embarazada de usted, señor, atendía a su padre, Don Jorge, con total dedicación. En cambio ella, parece que vino aquí de vacaciones.

David frunció el ceño y ordenó:

—Ve a levantarla.

—Sí, señor.

Esmeralda ya estaba despierta; solo estaba esperando a que David se fuera.

En ese momento, Martina entró sin tocar y, al ver a Esmeralda sentada en el sofá, dijo con desprecio:

—Vaya que eres difícil de atender. No bajas a comer, ¿acaso esperas que te roguemos? ¿De verdad te crees la dueña de la casa?

Esmeralda levantó la mirada y dijo fríamente:

—Si yo no soy la dueña, ¿acaso tú, una empleada, lo eres? ¿Quién te crees que eres para darme órdenes así?

Durante meses, Esmeralda había agachado la cabeza y guardado silencio. Sabía que su relación con David no era gloriosa y que ella no venía de una familia rica, así que esperaba que los empleados de la Mansión Montes la trataran mal.

Pero cuando uno aguanta demasiado, termina explotando.

Martina no esperaba que le contestara.

—Martina, escúchame bien. Si vuelven a faltarme al respeto, no dudaré en decirle a doña Antonella que han perdido los modales. Si después de eso las dejan seguir trabajando para los Montes o no, ya no será mi problema.

De todas formas se iba a divorciar, no tenía nada que perder. ¿Para qué aguantar humillaciones los dos meses que le quedaban?

Martina abrió los ojos como platos.

—Tú...

Ayer, la suegra de Esmeralda, Marisa Guzmán, había llamado a Martina para decirle que cuidaran bien de Esmeralda. Aunque fuera niña, era la única nieta de la familia Montes, y Esmeralda tenía la suerte de que los Montes valoraran tanto a esa bebé.

Martina quiso tragarse el coraje, pero no pudo evitar replicar:

—El señor David la está esperando en el comedor, así que apúrese. Señora, si quiere seguir siendo la respetable esposa de un Montes, debería aprender a comportarse, ¿no cree?

Capítulo 4 1

Capítulo 4 2

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