Romeo se levantó, metió las manos a los bolsillos y caminó hacia ellos. Se detuvo.
—Fue mi culpa. Le pido una disculpa a tu primo. Perdón.
Santiago apretó los puños, mirándolo fijo.
—Pero la otra vez él también golpeó a mi hermano. Así que ya quedamos.
—¿Ya quedamos? —la voz de David fue puro hielo—. Conmigo no existe eso de “ya quedó”.
La mirada de Romeo se le endureció.
—Entonces, ¿qué quieres hacer?
No terminó de hablar cuando…
David le soltó un puñetazo directo en la cara.
Romeo cayó al piso.
Todos se quedaron en shock.
Santiago no entendía qué intentaba hacer su primo.
Esmeralda también se asustó. David siempre había sido controlado, de esos que no hacen escándalo; no esperaba verlo golpear a alguien en público. Tal vez era por Santiago… o quizá también por Clara, que acababa de llorar como si le hubieran hecho algo.
Clara tampoco lo podía creer. Nunca había visto a David así. El corazón se le aceleró de golpe.
Siempre la había consentido, sí, pero nunca la había defendido así: dominante, salvaje, con una fuerza que la desarmó. Era justo esa sensación de posesión la que ella siempre había querido.
Hasta deseó que ese golpe hubiera sido por ella.
Aunque sabía que no lo era.
Los guardaespaldas de Romeo se movieron, pero él los detuvo con una seña. Lo levantaron del piso.
Romeo se limpió la sangre de la comisura de los labios y sonrió, torcido.
—Entonces… ¿ya quedamos?
David lo miró con frialdad.
—Ya.
Clara corrió hacia David, llena de preocupación.
—¡David!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...