Romeo tenía cara de estar disfrutando el show.
Clara se puso pálida de golpe. Se quedó viendo a Romeo, como si le hubiera clavado un cuchillo.
—Clara, discúlpate con la señorita Evelynn —ordenó Enzo.
Clara abrió los ojos, incrédula.
—¿Hermano… tú qué…?
Luego miró a David, con la voz quebrada.
—¡David!
David solo miró a Romeo.
Romeo se encogió de hombros.
—Yo nomás repetí lo que ella dijo. Tal cual.
—Santi, vámonos —dijo Esmeralda. Ya no aguantaba un segundo más ahí.
Santiago la sacó de la tienda.
Al salir del centro comercial, Esmeralda manejó y lo llevó al hospital. La lesión más fuerte era en el brazo derecho, pero por suerte no había hueso afectado: solo golpes y raspones.
Cuando salieron del hospital, ya no tenían ánimo de comprar regalos.
«Mañana vemos en la tienda libre de impuestos del aeropuerto», pensó.
—Santi… perdón —dijo Esmeralda de pronto.
Santiago se quedó pasmado y la miró.
—¿Por qué me pides perdón?
Esmeralda lo vio de reojo.
—Te lastimaste por mi culpa. Claro que tengo que disculparme.
Santiago sonrió, como si no fuera nada.
—Esto ni cuenta. En unos días se me pasa. Además, protegerte es lo mínimo. ¿Cómo te iba a dejar ahí para que te hicieran algo?
Esmeralda sonrió, pero por dentro seguía sintiéndose mal.
Santiago la observó y dijo:
—Cuando regresemos, me cuidas bien y ya con eso me compensas.
—Eso sí —respondió ella.
—Y en la noche, si vas a cenar con tu amiga, le hablas a Dylan para que te acompañe.
Esmeralda lo pensó un momento.
—Mejor paso ahorita por ella a la oficina.
Manejaron hasta el edificio de la empresa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...