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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 417

En la mesa.

Esmeralda se limitó a contarles que la transferencia de acciones de la empresa había salido bien. De lo demás, no dijo nada.

—Muy bien, muy bien. Tú sola no puedes con todo. De ahora en adelante, quédate a trabajar aquí —dijo Valentina, por fin tranquila.

Álvaro estuvo de acuerdo; tampoco quería que Esmeralda se reventara de cansancio.

Los siguientes tres días…

Esmeralda se quedó en casa descansando y ajustándose al horario. Aun así, siguió al pendiente de las noticias del mundo financiero en Nueva York y, de vez en cuando, hablaba con Gabriel.

Santiago, en cambio, no pudo tomárselo con calma. Después de tanto tiempo fuera, tenía un montón de pendientes en la empresa.

Esmeralda le llevaba diario la comida a la oficina: eran caldos y cosas nutritivas que Valentina le preparaba especialmente. Con esos días de reposo y comida, Santiago se recuperó bastante; ya podía escribir y firmar documentos con normalidad, aunque todavía no podía cargar cosas pesadas.

Paula Nájera y Abril Loyola se enteraron de que había vuelto y fueron a verla a la casa. Al ver que Esmeralda estaba bien, Abril por fin respiró tranquila.

Ese día…

Esmeralda acompañó a Santiago al hospital para un chequeo.

Apenas entraron al área de consultas, se toparon de frente con dos mujeres que venían caminando hacia ellos.

Esmeralda frunció el ceño: Camila Mondragón y la mamá de Clara. ¿Qué hacían juntas? Aunque, pensándolo bien, la señora Santana era cercana a Marisa Guzmán; que anduviera con Camila no tenía nada de raro.

Cuando Inés Catalán vio a Esmeralda, la miró un segundo de más, pero enseguida apartó la vista como si nada.

Santiago se adelantó con paso rápido.

—Mamá, ¿qué haces aquí?

Camila miró a su hijo y luego a Esmeralda.

—Yo estoy bien. Vine acompañando a alguien. ¿Y tu brazo? ¿Todavía no se te quita?

Cuando Santiago regresó al país, pasó por su casa. Camila ya sabía que se había lastimado.

—Ya casi queda —respondió él—. Hoy vine a que me revisen otra vez.

Esmeralda se acercó.

—Señora.

Camila asintió apenas.

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