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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 422

Abril y Paula ya no siguieron con el tema.

Al día siguiente.

Esmeralda mandó la pulsera a la empresa de David.

El paquete llegó a recepción.

Clara justo fue a la oficina a buscar a David.

Desde la última vez que se topó con Esmeralda en Nueva York, su hermano la regresó al país al día siguiente. David tampoco volvió a contactarla, y ella no lograba localizarlo.

Aunque su hermano decía que estaba ocupado, a ella cada vez le daba más mala espina.

Como David no estaba en el país, ni ganas tenía de ir a trabajar.

Pero en cuanto supo que ya había regresado, ese día se levantó temprano, preparó el almuerzo ella misma y fue a verlo.

Cuando llegó a recepción, alcanzó a escuchar la conversación entre el repartidor y la recepcionista.

—¿Esto es para el señor Montes?

La recepcionista, al ver a Clara, respondió con respeto:

—Sí.

—Démelo, yo se lo subo.

—Es un artículo de valor. Tiene que firmar el señor Montes personalmente. Si gusta, señorita Santana, subimos con usted.

La recepcionista le pidió al repartidor que esperara un momento y luego subió con Clara.

Clara miró la caja: el empaque era fino. Por curiosidad la abrió y vio que adentro había un fino brazalete de amatistas de alta joyería.

Se quedó impactada.

La recepcionista también se sorprendió; a simple vista se notaba que era carísima. No pudo evitar halagarla:

—Seguro es un regalo del señor Montes para usted, señorita Santana.

Clara sonrió, feliz. David debía querer compensarla.

¿Cómo no iba a importarle?

Cerró la caja y se la pasó a la recepcionista.

—Dásela para que firme. Yo subo en un rato.

Quería que David le diera la sorpresa en persona.

En ese momento todavía estaban esperando el elevador. La recepcionista tomó la caja y la metió en una bolsa.

Clara se mordió el labio, entre agraviada y frustrada. ¿De verdad David iba a ponerse del lado de Esmeralda? Pero ella no había dicho mentiras.

Se quedó callada.

Después de un rato, solo se escuchó la voz grave de David:

—La empresa no es un lugar para venir a distraerse. Si no vas a trabajar en serio, quédate en tu casa.

No lo dijo fuerte, pero igual imponía.

Clara alzó la mirada de golpe. ¿David estaba molesto por eso y no por Esmeralda?

—Perdón, David. Es que tenía mucho sin verte. Regresé y no podía contactarte… me dio miedo. Por eso no tenía cabeza para venir a la oficina. Voy a ponerme las pilas.

Ahora que David estaba de vuelta, claro que quería quedarse en la empresa, cerca de él.

Lo miró con los ojos llorosos, llenos de tristeza.

—Entonces compónte y vuelve a tu lugar.

—Sí… ya entendí. —Empujó la lonchera hacia él—. Yo lo cociné. Prueba tantito.

***

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