—Ya vi.
Clara se quedó ahí, sin moverse. No dejaba de pensar en la pulsera. David todavía no se la daba… quizá porque aún no la perdonaba del todo.
Desde que David tuvo a Isabella, ya no la consentía como antes, sin límites.
Ahora, solo por no estar trabajando bien, ya la estaba regañando.
David vio que seguía ahí y preguntó:
—¿Algo más?
Clara apretó los dedos. Al final no se atrevió a preguntar. Tal vez David quería esperar a que se le pasara el enojo para dársela. En ese momento no podía arriesgarse a hacerlo enojar más.
—Entonces… me voy a trabajar.
David soltó un “ajá”.
Clara se dio la vuelta y salió.
Apenas cruzó la puerta, le entró una llamada de su mamá. Caminó hacia un lugar más tranquilo.
—¿Bueno, mamá?
—¿Ya viste a David?
Clara respondió con un “sí” apagado.
Inés notó el tono y se preocupó.
—¿Qué pasó? ¿David sigue molesto contigo?
Clara le explicó, y luego agregó:
—Pero David me compró una pulsera… Solo que como está enojado porque no he trabajado bien, no me la ha dado.
Inés preguntó:
—¿Estás segura de que era para ti?
—La vi. Era morada… y me queda perfecta.
¿Para quién más sería? No era algo para regalarle a una señora mayor.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...