Gabriel y Esmeralda llegaron a la habitación de Don Ezequiel.
Don Ezequiel acababa de terminar el suero. Rafael Mondragón también acababa de llegar para acompañarlo.
Se saludaron. Don Ezequiel se veía de buen ánimo.
—Don Ezequiel.
—Llegaron.
Él ya sabía que iban a pasar en la mañana.
—Esme, de una vez: léeme el periódico.
Rafael se rió.
—Abuelo, aquí estoy yo. ¿Por qué no me pides a mí que te lo lea?
Don Ezequiel lo miró con desdén.
—¿Quién va a querer oír tu voz toda áspera?
—Sí, sí, mi voz toda áspera.
Esmeralda y Gabriel se aguantaron la risa.
Esmeralda se acercó y tomó el periódico.
—¿Desde dónde empiezo?
Don Ezequiel le señaló una parte.
Esmeralda se sentó en una silla y empezó a leer. En el cuarto tranquilo, solo se escuchaba su voz clara y firme.
Gabriel y Rafael salieron al balcón a platicar, sin estorbar.
Diez minutos después, Esmeralda terminó.
Gabriel y Rafael regresaron.
Don Ezequiel les preguntó cómo iba el trabajo últimamente.
Los tres se quedaron platicando un rato.
Don Ezequiel preguntó por lo de Esmeralda y David.
Esmeralda, resignada, dijo:
—David no quiere divorciarse por Isa.
Don Ezequiel resopló.
—Mira nada más, ahora sí se acuerda de la niña. ¿Y antes qué? A ese chamaco no lo educaron bien. Si fuera de los Mondragón, yo ya lo habría puesto en su lugar.
Rafael se encogió de hombros, apenado.
—Abuelo, cálmate, lo importante es tu salud. Luego yo hablo con él.
—Mejor tú ni te juntes tanto con él, no se te vaya a pegar lo malo.
Rafael sonrió.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...