David apartó la mirada.
—Ya, Clara. Entra.
Clara se mordió el labio y se metió al cuarto.
David se puso de pie. Iba a decir algo, pero de reojo vio una figura conocida. Volteó y vio a Rafael acercándose.
Que Rafael estuviera ahí no le sorprendió.
Enzo saludó con cortesía:
—Señor Mondragón.
Rafael asintió.
—¿Tienen que hablar?
—No es nada urgente —dijo Enzo.
—Perfecto. David, ven conmigo un momento.
Los dos fueron al balcón.
Rafael fue directo.
—Esme dijo que no te quieres divorciar por Isa.
David frunció apenas.
—¿Qué le dijo a Don Ezequiel?
Rafael lo miró.
—¿Crees que fue a “acusarte”? No. Mi abuelo le preguntó porque le preocupa. Ella ni se puso a hablar de más. ¿Y sabes qué dijo mi abuelo?
David curvó un poco la boca.
—Seguro nada bonito.
—Por lo menos tienes tantita vergüenza. Dijo que ahora sí te acuerdas de la niña, pero antes quién sabe dónde estabas. Que si fueras Mondragón, ya te habría puesto en tu lugar.
David soltó una risa leve.
—Entonces me salvé.
Rafael bufó.
—Y todavía te ríes. Esme ya decidió irse. Si de verdad quieres lo mejor para Isa, córtala de una vez con esa de la familia Santana.
David se quedó viendo por la ventana. En sus ojos oscuros no se leía qué estaba pensando.
Rafael se puso serio.
—Tú eres de los que siempre calculan todo. ¿Nunca te has preguntado qué tipo de mujer te conviene como esposa?
David regresó la vista.
—Lo tengo claro. No te preocupes.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...