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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 654

—Es obvio que Enzo no quiere que Clara se case con Romeo —dijo Gabriel—. Pero eso es asunto de la familia Santana. A mí me basta con que no perjudiquen a Inversiones Gracia.

En cuanto a Romeo...

La mirada del hombre se oscureció detrás de las gafas.

Le venía como anillo al dedo que hubiera regresado.

Esmeralda soltó un largo suspiro:

—Romeo seguro trama algo malo.

En cuanto a Clara, dudaba mucho que de verdad quisiera estar con él; lo más probable es que solo buscara darle celos a cierto hombre. Y claro, lo había logrado.

—En cuanto termines tu trabajo aquí, Esme, regrésate a San Pedro.

Esmeralda comprendió a qué se refería. Gabriel sin duda iba a quedarse para vigilar los movimientos de la familia Santana y de Romeo.

—De acuerdo —asintió—. Entonces, tenga mucho cuidado mientras esté aquí, profesor.

—Tranquila, no pasará nada —le dijo Gabriel con una sonrisa—. Tú concéntrate en tu trabajo, no te apures por lo demás.

—Lo sé —respondió ella.

Para cuando regresaron a la empresa y terminaron sus labores, ya eran las ocho de la noche.

Gabriel y Esmeralda fueron a cenar a un restaurante cercano. Al entrar, se toparon de casualidad con un grupo de personas que bajaban las escaleras.

Eran Enzo y David.

Evidentemente, ellos también los vieron.

La mirada de David se clavó en Esmeralda, pero ella apartó la vista de inmediato con indiferencia. En ese momento, un mesero se acercó para atender a la pareja recién llegada.

Gabriel y Esmeralda siguieron al mesero.

Enzo apartó la vista de ambos y miró a David. El hombre bajó los escalones en completo silencio.

—¿David te ha buscado a solas desde que vino a Valdemar? —le preguntó Gabriel a Esmeralda.

Ya casi no le preguntaba sobre su situación con David. Era evidente que el hombre se negaba a dejarla ir y, aunque no hubiera amor, quería seguir controlando su vida.

Esme nunca había sido rival para David. Al menos a la hora de manipular emociones, las mujeres solían dejarse llevar más por los sentimientos que por la razón, sobre todo tratándose de algo relacionado con Isa.

David se aprovechaba exactamente de eso. Mientras más disfrutara Isa del cariño de ambos padres, más se dejaría arrastrar Esme por ese espejismo familiar. Ella quería darle una vida feliz a la niña, pero la cruda realidad era que no había ningún sentimiento entre ella y David. Cuando la razón la golpeaba de vuelta, solo le provocaba una presión psicológica aún más asfixiante.

—Me buscó una vez —respondió Esmeralda en un tono monótono.

Mientras hablaba, se dispuso a comer lo que tenía en el plato. Sin embargo, el solo recuerdo de aquel día le revolvió el estómago y le quitó el apetito por completo.

Optó por soltar los cubiertos, agarró el vaso de jugo y le dio un sorbo.

Gabriel analizó cada uno de sus movimientos con su mirada penetrante. Aunque ella intentaba aparentar calma y desinterés, él notó de inmediato que algo la carcomía por dentro.

—¿Qué pasó? —insistió él.

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