Hablando en plata.
Para cualquiera que lo viera desde afuera, ella y David eran aliados por conveniencia. No solo los directivos de Inversiones Gracia tendrían sus dudas; cualquier empresa que hiciera negocios con ellos iba a desconfiar de ella en futuras negociaciones por su estatus. A fin de cuentas, Gabriel y David eran competidores directos.
Incluso si Gabriel la respaldaba y ella se empeñaba en quedarse en la empresa, su trabajo de ahí en adelante iba a ser un infierno lleno de obstáculos y chismes por los pasillos.
—En realidad, tú ya dabas por hecho que esto iba a pasar, ¿no? —lo confrontó Esmeralda.
David la abrazó y apoyó la barbilla suavemente sobre la cabeza de ella. Inhalando el dulce aroma de su cabello, le respondió con calma:
—Lo diera por hecho o no, las cosas ya pasaron. No me creas tan fregón, tampoco soy adivino.
La voz de Esmeralda se volvió más áspera:
—Tu lógica siempre es la misma: no tiene caso darle vueltas a lo que ya pasó.
David torció una sonrisa. Observando la frustración en ella, empezó a juguetear suavemente con un mechón de cabello que le caía sobre el pecho.
—Darle vueltas a algo solo tiene sentido si te aporta valor para el presente o el futuro, o si tienes la capacidad de arreglarlo de raíz. Si aferrarte a eso solo te va a generar desgaste y frustración, ¿qué caso tiene? La gente sufre hoy en día porque no sabe ver el fondo de las cosas; se hunden una y otra vez en los traumas del pasado y le tienen pavor al futuro, pero jamás se les ocurre que cambiar ellos mismos es la verdadera solución a sus problemas.
Las palabras del hombre resonaron con fuerza y claridad en los oídos de Esmeralda.
Su nivel de frialdad y lógica sobrepasaba lo normal. Aunque no tenía argumentos para refutarlo, se negaba rotundamente a darle la razón.
—Has vivido en una burbuja de privilegios desde que naciste, viendo el sufrimiento de los demás desde las alturas. Como careces de empatía, por supuesto que puedes ser tan asquerosamente calculador y andar juzgando todo desde tu pedestal.
Como estaba en una posición de poder, podía controlar tanto su vida como la de los demás, por lo que el sufrimiento le era un concepto completamente ajeno.
David soltó una risita ligera.
—No te falta razón. A final de cuentas, el destino de cada uno ya está trazado, siempre habrá jerarquías.
Tras esas palabras, Esmeralda se quedó callada, sin responderle.
David simplemente la abrazó sin decir nada más. El sonido de las olas rompiendo allá afuera se colaba nítidamente a la habitación. Al sentir calor, Isa se destapó de una patada y se dio la vuelta.
David se estiró para volver a tapar a la niña y agregó:
—En cuanto a los que se metieron a esparcir rumores sobre nosotros, yo me encargo de ellos.
Esmeralda, con los ojos cerrados, seguía sin emitir palabra.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...