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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 718

—Mamá, vámonos —dijo Isa, asintiendo mientras tomaba la mano de su madre.

Esmeralda la miró en silencio.

La personalidad de la niña, sin duda, se parecía más a la de David.

*Eso está bien*, pensó. *David le ha dado todo, así que su futuro será brillante y sin obstáculos.*

Romeo Fierro observó las espaldas de los tres al alejarse y luego se volvió hacia Clara Santana. Captó a la perfección los celos y el resentimiento que aún no lograba ocultar en su mirada.

—Con razón no lograste unirte a la familia Montes —comentó.

Clara salió de sus pensamientos, dio un paso adelante y se aferró a su brazo.

—A estas alturas, casarme o no ya me da igual.

—¿Ah, sí? Y al ver a David, ¿tu corazón no saltó ni un poco?

Clara apretó los dedos, clavó la mirada en Romeo, arqueó una ceja y replicó:

—¿Acaso crees que eres menos que él? —Mientras hablaba, levantó lentamente la mano y acarició la mejilla del hombre con sus dedos de piel de porcelana—. Si me preguntas eso, ¿significa que estás celoso?

Romeo levantó la mano y sujetó la de la mujer, esbozando una sonrisa que no llegó a sus ojos.

—Supongo que sí, estoy un poco celoso.

...

David y Esmeralda entraron a la joyería acompañados de Isa. En cuanto la vendedora vio a aquella familia de porte tan distinguido, se dio cuenta de inmediato de que no eran personas comunes. Era imposible ignorar la imponente elegancia del hombre de pies a cabeza, por no hablar del reloj de millones que llevaba en la muñeca, o los delicados accesorios que adornaban el cabello de la niña. Con solo verlos, desbordaban lujo.

—Señor, señora, ¿en qué les puedo ayudar?

—Señorita, queremos ver anillos —se adelantó a decir Isa.

Al escucharla hablar, la vendedora sintió que el corazón se le derretía. La niña era absolutamente preciosa, mucho más hermosa que cualquier modelo infantil de revista, y tenía una voz encantadora. Definitivamente, aquella familia parecía tocada por los ángeles.

David miró a su hija con los ojos llenos de indulgencia, le acarició la cabecita con su mano grande y tomó el anillo que Isa le ofrecía. Lo observó detenidamente por un segundo y luego se giró hacia Esmeralda.

—¿Te gusta este? —preguntó, sin ocultar la ternura en su mirada.

Esmeralda le sostuvo la mirada, extendió la mano con calma, tomó el anillo y respondió:

—Es muy bonito.

Era un modelo de diseño minimalista, nada sobrecargado, pero con una belleza innegable en sus trazos.

El que tenía en la mano era un anillo de mujer.

Sin darle tiempo a Isa de decir nada más,

el hombre estiró la mano, recuperó el anillo y dijo:

—Entonces pruébatelo.

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