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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 719

Los dedos de Esmeralda se tensaron ligeramente. Isa la observaba con una sonrisa radiante. Con el pecho invadido por una sutil pesadez, al final levantó la mano despacio hacia el hombre.

David sostuvo con firmeza sus dedos largos y delgados, y deslizó el anillo poco a poco. La medida le quedó a la perfección.

—¡Qué hermoso! —exclamó Isa, llena de emoción—. Las manos de mamá se ven mucho más lindas con el anillo.

Esmeralda miró a su hija, sin saber muy bien qué contestar en ese instante.

—Es que Isa tiene un excelente gusto —logró decir.

—¡Mamá, rápido, ponle el suyo a papá para que se lo pruebe!

Al ver la situación, el director Villegas tomó inmediatamente el estuche con ambas manos y se lo ofreció a Esmeralda. Ella sacó la argolla de hombre y levantó la vista hacia él.

La mirada de David no se apartaba de ella mientras le extendía la mano. Esmeralda sostuvo apenas la palma del hombre; el roce suave de sus yemas erizó al instante la piel de él. No agarró su mano por completo, solo lo suficiente para deslizar el anillo en su dedo anular.

Justo cuando se disponía a apartar la mano, los dedos nudosos de él aplicaron una sutil presión. Esmeralda se sobresaltó, un destello de desconcierto cruzó por sus ojos y, al levantar la mirada, se topó con una sonrisa cargada de burla en los labios del hombre.

Sintió que él se estaba divirtiendo a su costa.

Él retiró la mano rápidamente. Isa no notó en absoluto la extraña tensión entre sus padres; simplemente tomó la mano de su papá, admiró la joya y sonrió:

—A papá también se le ve muy bien.

David curvó los labios y preguntó:

—¿Entonces nos llevamos estos?

Isa asintió con entusiasmo.

—¿Quieres ver algo más?

—¡Sí!

Los empleados no tardaron en traer una gran variedad de piezas: jade, perlas, cristales, diamantes... todas las opciones más exclusivas y de la más alta calidad que la tienda podía ofrecer.

—Papá, ese collar le queda perfecto a mamá. Pónselo.

—La pulsera también es divina, le iría súper bien.

La mirada de Esmeralda se suavizó, pero antes de que pudiera decir algo, Isa giró la cabeza hacia su padre.

—Papá, ¿verdad que mamá es la más hermosa?

Esmeralda sintió que el rostro se le tensaba.

Entonces, escuchó la voz profunda y cálida del hombre decir:

—Por supuesto, tu mamá es la más hermosa.

Esmeralda levantó la vista y se topó con los ojos de David. Él la miraba con una expresión suave, pero insondable, en la que era imposible descifrar sus verdaderas emociones.

Rápidamente,

ella bajó la mirada, evitando sostenerle el contacto visual.

David le pidió al director que envolviera todo lo que Isa había elegido, sin embargo, ni él ni Esmeralda se quitaron los anillos de las manos.

El director Villegas hizo las cuentas y la cuenta ascendía a un total de cuarenta y ocho millones. Entre las compras destacaba la pieza más costosa, la joya principal de la tienda que el director había mostrado a modo de sugerencia, de la cual Isa se había enamorado al instante y que sola estaba valorada en treinta millones.

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