Los de afuera entraron.
Romeo Fierro, con las manos en los bolsillos y expresión relajada, caminaba al frente. Detrás de él iban dos escoltas, no para protegerlo, sino para asegurarse de que estuviera ahí.
Romeo se sentó frente a David, tomó la botella y se sirvió tranquilamente una copa de vino tinto antes de hablar.
—No hacía falta armar tanto alboroto para invitarme.
Los oscuros ojos de David carecían de la menor calidez al mirarlo. Abrió sus finos labios y soltó con voz grave.
—¿Hasta cuándo planeas guardar esas fotos?
Los ojos rasgados de Romeo se encontraron con la gélida mirada del otro, y con una media sonrisa en los labios, respondió.
—Al verte tan tenso, David, me pregunto: ¿te importan o no te importan en realidad?
David ignoró la pregunta y le hizo una seña con la mirada a los guardaespaldas detrás de Romeo.
Uno de los hombres comprendió y dio un paso adelante.
Romeo levantó la mano para detenerlo. Miró a David y le dijo.
—Si las quieres, te las doy.
Dicho esto, dejó la copa, sacó su celular, lo desbloqueó y lo deslizó frente a David. Este conectó el dispositivo a una computadora portátil para rastrear todas las cuentas vinculadas. Las fotos en la memoria habían sido borradas, y los respaldos en la nube estaban limpios.
David le pasó la computadora a un hombre delgado que estaba de pie a un lado. Era un experto técnico de Evergreen Capital, un antiguo hacker de élite a nivel internacional.
El experto se sentó en un banco y sus dedos comenzaron a teclear a gran velocidad.
Veinte minutos después.
—Señor Montes, no hay rastro de las fotos de su esposa.
David entrecerró los ojos para fulminar a Romeo.
Romeo, en completa calma, soltó una risa ligera.
—Por supuesto, no iba a esperar hasta que vinieras a buscarme para borrarlas, David. Ahora puedes estar tranquilo.
La voz de David sonó fría y baja.
—Entonces, ¿cómo demonios lograste sacarle esas fotos a Gabriel Loyola?
—Utilizando un poco de tecnología, claro está —dijo Romeo, suspirando de inmediato—. Ay, la verdad es que solo quería hacer un trato contigo, David. Pero si te pones tan inflexible, supongo que ya no hay nada que hacer.
—Romeo, más te vale no intentar jugarme sucio —le advirtió en un tono amenazador.
—Estando aquí, ¿cómo me atrevería a jugar sucio contigo?

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...