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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 738

Esmeralda se apresuró a aclarar la situación.

—No es ningún pretendiente, mi hermano me lo compró.

Camilo se sorprendió.

—¿Tu hermano?

Gabriel se dirigió a Camilo.

—Bueno, ya vámonos. Esme, ¡ve a comer tranquila!

—Mjum, de acuerdo.

Esmeralda invitó a Paula Nájera a comer juntas.

—¿De parte de quién viene todo esto? Son cosas típicas de Nueva Concordia —preguntó Paula.

Esmeralda desempacaba los obsequios que le había enviado Iván: una porción al vacío de carne de conejo enchilada, finas láminas de res, salchichas... Todo aún conservaba algo de calor. Lo habían preparado esa misma mañana y enviado por avión de inmediato.

Al ver que la bolsa también incluía un paquete de pastel regional, sintió una repentina punzada de nostalgia.

Su abuela era originaria de Nueva Concordia, y cuando aún vivía, ella y su hermano solían acompañarla de visita bastante seguido.

Tal vez heredó los gustos de su abuela, ya que adoraba la comida de esa región, a diferencia de su hermano, que apenas podía tolerarla.

Tras el fallecimiento de sus abuelos, no volvió a pisar Nueva Concordia. Y, aunque en San Pedro había restaurantes de ese estilo, el sabor ni se comparaba con el auténtico.

Además, esos pasteles regionales, que ahora venían con un empaque renovado, eran su dulce favorito de la infancia.

Recordaba vagamente que, de pequeña, le habían salido caries y su familia le prohibió comer dulces. Pero ella hacía berrinche exigiendo los pasteles de esa tienda en específico. Su abuela se mantuvo firme y no se los compró.

Sin embargo, su hermano fue a escondidas a comprárselos y se los llevó a su cuarto por la noche antes de dormir. La abuela los atrapó con las manos en la masa.

Por supuesto, a su hermano le tocó una buena paliza de parte de la abuela.

Al recordarlo, Esmeralda no pudo evitar curvar los labios en una sonrisa y dijo.

—Me lo mandó mi hermano.

Paula, sentada a su lado, la miró perpleja.

—¿Tu hermano? ¿Acaso Álvaro Santillán viajó a Nueva Concordia?

Esmeralda negó.

—No, él no.

Le resumió brevemente toda la historia.

Paula suspiró conmovida.

—Después de tantos años, tu hermano aún recuerda tus gustos. Se nota que realmente se preocupa por ti.

Esmeralda le tomó una foto a la comida y se la envió a Iván.

*Gracias, hermano. Pero no hace falta que te tomes tantas molestias enviando más cosas.*

Iván respondió casi de inmediato.

*Ya llegará el día en que tengas que felicitarme.*

*

Habían recibido una cantidad considerable de comida.

Como Esmeralda y Paula no podrían terminarse todo, ella repartió el almuerzo que le había mandado David entre Kevin Molina y los demás compañeros. En cuanto a lo que le envió su hermano, reservó un poco para que lo probaran Gabriel y su equipo, y guardó otra pequeña porción para Isa.

Por la tarde, recibió una llamada de Adolfo Acosta.

Adolfo mantuvo un perfil muy bajo, cuidando cada palabra, como si temiera ofenderla al mínimo desliz.

Esmeralda acordó reunirse con él en su empresa al día siguiente al mediodía.

Adolfo aceptó de inmediato.

Al colgar, Esmeralda volvió a repasar con cuidado el archivo que David le había enviado.

Después del trabajo, regresó a Lomas del Valle.

Esa misma noche.

En el exclusivo Club Cénit de San Pedro.

En la sala VIP del último piso.

La imponente figura del hombre descansaba en el sofá, con el apuesto rostro inexpresivo mientras degustaba su copa de vino con lentitud.

En ese instante, la puerta se abrió.

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