—Primero hay que estabilizar su estado antes de proceder con un tratamiento profundo —dijo David. Luego miró a Enzo, que guardaba silencio, y le preguntó—: ¿Tú qué opinas?
—Dejémoslo así por ahora —respondió Enzo.
Esmeralda ya se había quedado profundamente dormida. En la habitación, una luz de tono cálido bastaba para iluminar el espacio entero. Isa estaba acurrucada junto a su mamá; la mujer y la niña descansaban plácidamente en la cama.
Enzo entró en la habitación de Esmeralda para verla.
Pero no se quedó mucho tiempo. Al salir, miró a David, que estaba de pie en la puerta, y preguntó:
—¿Vas a dormir aquí esta noche?
—Su sueño es inestable durante la noche, alguien tiene que vigilarla —respondió David.
Enzo frunció el ceño y declaró:
—Esta noche dormiré en la habitación de al lado.
—Como quieras —le restó importancia David.
Enzo regresó a su habitación y recibió otra llamada de Inés Catalán. Ella ya le había marcado varias veces durante el día, pero él no había contestado.
Esta vez.
Sí contestó.
Al aceptar la llamada, no pronunció palabra. Desde el otro lado se escuchó la voz de Inés, sin reclamos ni enojo, más bien tranquila y agotada:
—Enzo, ese día actué por impulso y dije cosas que no debía. Si hay algún problema, podemos resolverlo como madre e hijo. Escuché que Esme está enferma. ¿Cómo se encuentra ahora?
Inés había bajado la guardia.
Sin embargo, el tono de Enzo fue extremadamente frío:
—No hay nada que resolver. Es un milagro que todavía te atrevas a preocuparte por la salud de Esme.
Inés apretó su celular con fuerza. Quiso decir algo, pero entonces escuchó unas palabras aún más despiadadas de parte de Enzo.
—No tienes que fingir que extrañas a Esme. Desde el momento en que la abandonaste, dejaste de ser su madre. Y, a partir de ahora, puedes hacer de cuenta que tampoco tienes a este hijo.
Inés palideció.
—Enzo...
Enzo colgó el teléfono de inmediato.
Al escuchar el tono de ocupado, Inés se dejó caer en el sofá, completamente abatida.
—Mamá.
Se escuchó la voz de Clara Santana.
Inés levantó la mirada hacia ella.
Clara miró a su madre y de pronto se arrojó a sus brazos, lamentándose:
—Mamá, ¿acaso Enzo ya nunca me va a querer?
Inés acarició la cabeza de Clara, sin saber qué decirle por un momento para consolarla.
Clara, de repente, empezó a alterarse:
—¡Él solo me usó como herramienta! Antes me trataba bien nada más para fingir ser un buen hijo frente a papá, pero ahora que ya sacó provecho...
Inés se apresuró a detenerla:
—Basta, Clara. No puedes decir esas cosas, y menos delante de él.
Pero Clara se alteró aún más:
—Él no es mi hermano, ahora es el hermano de Esmeralda. En su corazón solo existe ella, a mí no me toma en cuenta. Además, nos tiene encerradas y no nos deja salir. Ahora solo sabe proteger a otros. ¡Ese viejo decrépito, mejor que se muera!
—¡Clara! —Inés le tapó la boca con la mano—. Clara, cállate ahora mismo.
Ese lugar estaba lleno de hombres de Enzo.
Clara dio media vuelta y salió corriendo a su habitación.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...