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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 781

David le tomó la mano y le dijo:

—En tu estado actual no te hace bien quedarte sola a estas horas de la madrugada.

Esmeralda guardó silencio y no dijo nada más.

En medio de su sueño, Enzo creyó escuchar el sonido de un piano. Se despertó por completo y aguzó el oído; en efecto, alguien estaba tocando.

Se destapó, se levantó y salió de la habitación. Guiado por el sonido, avanzó por el pasillo hasta llegar frente a una puerta.

Las notas del piano provenían de allí dentro.

En ese momento, la melodía se había vuelto entrecortada y carente de ritmo.

Tomó el pomo de la puerta y la abrió lentamente, dejando apenas una rendija. Vio una habitación amplia; frente a un piano blanco, David y Esmeralda estaban sentados en la banqueta.

El hombre parecía estar enseñándole a Esmeralda cómo marcar el ritmo.

El médico había sugerido que moviera las extremidades para estimular los nervios, asegurando que eso tendría un buen efecto en su recuperación.

Sin embargo, al observar la escena, el rostro de Enzo se tensó involuntariamente.

Recordó el mensaje que Gabriel le había enviado un par de horas antes: cuando tuviera una crisis, no debían dejarla acercarse a un piano.

Enzo se recargó en la pared, escuchando lo que ocurría adentro.

Unos minutos después.

Desde el interior se escuchó un golpeteo brusco y acelerado sobre las teclas.

David le agarró las manos a la mujer.

—Ya está, no toques más.

Esmeralda se soltó bruscamente, como si algo la hubiera alterado. Levantó las manos y estrelló los dedos con furia contra el teclado del piano, provocando un ruido ensordecedor.

David la envolvió en sus brazos al instante, deteniendo sus movimientos.

—Volvamos a descansar.

Al intentar levantarla, Esmeralda rompió en llanto, incapaz de controlar sus emociones. Forcejeaba y gritaba alterada:

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