—Dime —respondió Gabriel.
—¿Qué pasó últimamente con Evergreen Capital? —preguntó Esmeralda.
—¿Cómo te enteraste, Esme?
—Escuché algunos rumores por accidente.
Tras un momento de silencio del otro lado de la línea, Gabriel explicó:
—Hubo problemas con el proyecto de Altamira Capital, y se estima que las pérdidas ascienden a los trescientos millones.
Esmeralda conocía ese proyecto; era uno de los pilares de Evergreen Capital de los últimos años, y, en teoría, no debía presentar ningún fallo.
—¿Quién movió los hilos en contra de ellos?
Con voz calmada, Gabriel le preguntó:
—¿Te preocupa él, Esme?
Esmeralda se quedó paralizada un instante y luego respondió:
—No, solo quería saber.
Sin ocultarle nada, Gabriel le confesó:
—Fui yo quien lo hizo.
Esmeralda se tensó al comprender que todo había sido a causa del ataque de pánico que sufrió, lo que obligó a David a llevársela.
—Profesor... —No sabía qué decirle, pero pronto su preocupación se desvió hacia otro lado—. ¿Y qué hay de Inversiones Gracia?
Conocía muy bien el afán de venganza de David; jamás permitía que quien se interpusiera en su camino saliera ileso. Siempre devolvía el golpe y con más fuerza.
Por supuesto, Gabriel notó la culpa en su voz y la tranquilizó:
—La empresa está bien, no te preocupes. Ya me enteré de lo que pasó con la compañía de Álvaro. Los padres de David están materializando su descontento hacia ti y hacia tu familia.
Jorge Montes tenía suficiente poder para hundir a Apeiron Systems sin siquiera despeinarse.
—Si David no hace nada al respecto, tendrás que decidir bien qué camino tomar, Esme.
—Lo sé —afirmó ella.
Gabriel asintió y preguntó:
—¿Estás en tu casa hoy?
—Sí, mañana tengo cita en la clínica.
—Entonces descansa temprano esta noche.
El coche llegó a la Villa del Atardecer.
David se paró frente a la entrada y tocó el timbre.
La niñera le abrió la puerta y, al ver al hombre frente a ella, se sintió inmediatamente abrumada por una sensación de intimidación.
—Se... señor Montes.
—¿Dónde está Esmeralda?
—La señorita está descansando.
Al escucharla, David entró a la mansión sin decir más.
Llegó a la sala.
A esa hora, Manolo y Valentina estaban cenando en el comedor.
—Señor Montes, déjeme avisarle a los dueños de la casa —se apresuró a decir la niñera.
Pero David la ignoró y subió directamente las escaleras.
La niñera, al ver que el hombre subía sin dudar, se dio la media vuelta y corrió al comedor para dar aviso.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...